Fantasma de una niña no quiere abandonar hotel en Argentina

Publicado el: 3 de agosto del 2017 a las 01:51 pm . Por AbrahamMares

Lo que supo ser el mítico hotel Edén, en La Falda, Córdoba, Argentina, durante el Siglo XIX, encierra en su estructura recuperada por la municipalidad local una increíble sucesión de hechos paranormales de los que sobresale uno muy singular: El fantasma de una nena de 8 años que quedó viviendo en el formidable edifico al que el tiempo y el olvido marchitaron su esplendor.

Para los vecinos que habitan en las inmediaciones como para ocasionales visitantes de lo que fue el hotel, las anomalías que se registran en el interior de la construcción inaugurada en 1889 son frecuentes y no menos impresionantes, como sombras que se visualizan en la escalera principal, habitaciones en las que de repente la temperatura baja considerablemente o ruidos que no tienen causa aparente.

Sin embargo, el episodio paranormal al que más se asocia al viejo establecimiento hotelero tiene que ver con el fantasma de una niña que realmente existió, que tiene nombre y apellido, y de la que existen registros que dan cuenta de su paso por un Edén por entonces recientemente inaugurado.

Ana Jaime era el nombre de la hija del médico personal del expresidente Julio Argentino Roca a la que a fines de 1889 le diagnostican una enfermedad que por aquellos tenía efectos devastadores en quienes la padecían: La tuberculosis. Afectado por el drama que afrontaba la familia de su médico de confianza, Roca movió cielo y tierra para que la nena tuviera el mejor de los tratamientos y que además, como se consideraba en la época, pudiera reforzar sus posibilidades frente a la dolencia enviándola a un lugar donde hubiera sol intenso y aire puro.

El mandatario también gestionó con un hombre de su círculo áureo, el cónsul suizo Juan Kurt, una estadía en un hotel que éste, junto con dos socios alemanes, acababa de inaugurar en diciembre en lo que hoy es La Falda y que ofrecía a sus huéspedes lujosas comodidades en sus cien habitaciones, una gran salón comedor, otro destinado a espectáculos musicales y varios parques y patios.

Hacia allí fueron Ana y sus padres en los primeros días de enero de 1890 en busca de un alivio para sus delicados pulmones que lejos de recuperarse, se deterioraron aún más al punto que la nena murió en la habitación que ocupaba antes que concluyera el mes. Con el tiempo, huéspedes, personal del hotel y más tarde visitantes ocasionales se dieron cuenta de las anomalías atribuidas a la energía que la nena dejó impregnada en el viejo hotel, a quien veían o escuchaban en un devenir misterioso que de a poco se fue transformando en leyenda.

No obstante los vecinos del Edén aseveran que los casos relatados son reales. En el marco de esas extrañas manifestaciones, las de del fantasma atribuido a Ana son las que por su base romántica más profundo calan en la sensibilidad de los testigos, sobre todo cada vez que en alguna que otra habitación de lo que fue aquel lujoso hotel experimentan un frío inesperado e intenso que pareciera ser producto provenir de la travesura de una nena que desde hace ya 127 años no es parte de este mundo.

En su habitación, Ana quiere seguir jugando

La experiencia más fuerte con la niña fantasma ocurrió hace once años, al cabo de una recorrida por parte de un contingente de turistas por las instalaciones del viejo hotel. Una nena que formaba parte del grupo, les dijo a sus padres que otra criatura le había pedido que se quede a jugar con ella en una de las habitaciones.

Como los adultos le decían que eso era imposible, la chiquita tomó un papel y dibujó a una niña con la que acababa de hablar acostada en una cama y cerca de un balde en el piso que, sin que la pequeña turista lo supiera, era el usado por los tuberculosos para escupir las flemas.

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