Cambia el gran final y termina con un gran orgasmo

Publicado el: 23 de junio del 2017 a las 08:57 am . Por YedidFlores

Probablemente tienes muy claras una o dos posturas que te funcionan mejor durante tus relaciones sexuales. Y ciertamente tener un orgasmo es mejor que no tener ninguno, pero puede que te estés perdiendo una gran “explosión final”.

Ponerte en la misma posición cada vez que tienes sexo es como tomar helado cada día de postre. ¿Te gustaría? Claro, pero te estás privando de muchas cosas buenas. ¿Cómo variar? No te preocupes: vamos en tu ayuda.

Miss culo

¿Cómo se hace? Coloca las manos en el suelo, mientras el esta sentado en la orilla de la cama, haz que tire de tu cintura de tal manera que tus piernas estén a cada lado de sus caderas.

¿Por qué funciona? Esta postura es más cómoda para llegar al orgasmo que la típica del perrito, ya que puedes controlar tu peso. Además, con los brazos, puedes imprimir movimiento y tomar el control mientras que te sostienes.

Cambia de perspectiva

¿Cómo se hace? Acuéstate sobre tu espalda y mantén a tu chico a horcadas mientras que él mira a tus pies. Luego, levanta tus piernas y abraza su torso. Levanta las caderas para que pueda penetrarte. A continuación (no te cortes) agárrale el trasero para ayudarle a deslizarse hacia delante y hacia atrás. Y ta-chan…

¿Por qué funciona? El misionero a la inversa es ideal porque permite una mayor estimulación de todo tu pubis y del área del clítoris entera.

El snuggy

¿Cómo se hace? De pie, colócate delante de él y dobla la cintura, como si fueras a tocar con las manos el suelo e invítale que pase por tu “puerta trasera”.

¿Por qué funciona? Si buscas el máximo placer con un esfuerzo mínimo, esta es tu postura. Tiene el morbo de la postura del perrito, con él entrándote por detrás y, además, puede estimular fácilmente tu clítoris. “Muchas mujeres se sorprenden con la rapidez que llegan al orgasmo en esta postura”, nos asegura nuestra teraputa sexual.

El Love gun

¿Cómo se hace? Dile que se acueste sobre su espalda mientras que tú te colocas a horcajadas sobre él. Inclínate hacia delante ligeramente, para que tus manos estén a cada lado de su cabeza.

¿Por qué funciona? Estás encima, por lo que eres “responsable” de tu propio final. Con la toma de control, puedes guiar los movimientos, la velocidad y la profundidad. Además tienes las manos libres para estimular sus puntos calientes. Y no te olvides de la vista: le verás llegar al orgasmo.

 

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