Caricias que queman

Publicado el: 17 de julio del 2017 a las 08:05 am . Por YedidFlores

Las yemas de los dedos son capaces de reconocer cada rincón del cuerpo del amante, sin ni siquiera verlo. Transmiten la excitación a cada zona erógena y saben que caricia hacer en cada zona de piel del cuerpo que tocan para otorgar placer. La piel de todo el cuerpo humano es tan sensible que reacciona a los toques, besos, abrazos y caricias que realizan con dedos, lengua, plumas o pañuelos.

También son las partes más finas del tacto, las que logran retener las formas, las texturas, los orificios y las temperaturas, en la memoria sensorial, para luego esos recuerdos ser usados en un nuevo encuentro íntimo.

Como hacerlo:

Sabes que un roce imperceptible de tus dedos, como si flotaran sobre la piel de la espalda de tu compañero, sirve para que él sienta escalofríos de excitación.

Empieza con pasar tus uñas sobre sus nalgas, mientras te das cuenta como tu compañero hace evidente su pasión. Luego continua con un único dedo, que juega entre el canal de las nalgas superficialmente, para seguir su lento recorrido por la parte trasera de las piernas hasta llegar a los pies. Él estará suspirando y respirando muy agitado. Tus manos siguen su estimulo paso a paso. Procederás a hacerle un leve masaje con los pulgares en la planta de los pies y le acariciarás la zona entre los dedos.

Acostado, dile que se de la vuelta donde podrás notas que su erección ya es muy evidente. Invierte el camino de sus caricias: ahora son ascendentes y mucho más enérgicas. Tus manos subirán por cada pierna como si fuesen pasamanos, a la vez que dan leves golpecitos con sus dedos a lo largo del erótico camino. El destino es la entrepierna. Pero al llegar muslos arriba, solo pasarás tus dedos por las ingles de aquellas piernas separadas proporcionando una insoportable tortura.

Ni siquiera rozo el pene…y sigue hacia arriba. Te concentrarás en los lados del cuerpo y de repente cambias de rumbo, moja los dedos de ambas manos y comienza una caricia rotatoria en las tetillas. Casi con furor, la atención sobre su pene, pero el juego y el movimiento de las manos resulta interminable.

El placer no se encuentra solamente en las manos, está en casi todos los espacios de su piel. Desliza suavemente los pies por sus pezones, con una sensación novedosa e impactante.

O mejor aún, frota tus pezones erectos sobre su piel y después pásalos por las nalgas, se introducen en el canal que las separa o punzan suavemente sobre el escroto.

No dudes más y termina ‘haciendo el amor apasionadamente.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *