Toca, juega y aprende como les gusta a ellas

Publicado el: 29 de julio del 2017 a las 05:28 am . Por AbrahamMares

“No sabe tocarme”. “Así no me gusta”. “Hace siempre lo mismo”. “Va muy rápido y yo ni arranqué”. “No se da cuenta de lo que quiero”. “¿Por qué no me juega?” Estas son algunas de las frases que se escuchan hoy día. Mujeres quejándose por una pareja que no sabe complacerlas… ¿Quién dijo que era fácil?

Las mujeres esperan tener buenos juegos previos y que los hombres verdaderamente se preocupen por darles placer, para que el encuentro no se reduzca a “llegar”, y listo. Para eso, es importante que el hombre entienda que todo nuestro cuerpo es un mapa erótico y que cuanto más intensa sea la previa, más preparada estará la mujer para gozar del encuentro.

Algunos errores masculinos

–  No prestar atención a la lubricación. El hombre la toca o intenta penetrarla sin fijarse si está lo suficientemente lubricada (ojo: muchas veces ella tampoco hace nada al respecto) y termina siendo un encuentro poco feliz.

Llegar a la eyaculación y pensar que ahí terminó todo cuando, por lo general… ¡Las mujeres ni empezaron!

No darle importancia al juego previo.

Dejar de decirle de vez en cuando lo linda que está, lo bien que se mueve o lo que que a ella le guste.

¿Qué pueden hacer los hombres para mejorar en la cama?

Sorprender. Con los años vamos perdiendo la capacidad de asombro y eso es algo mágico. Es muy motivante el hecho de recorrer otro camino diferente a la hora del encuentro.

A la mujer hay que encenderla de a poco. Ellos pueden enviarnos un mensaje hot durante el día, hacernos desear un poquito más, jugar con su mirada o cualquier parte de su cuerpo, incluso cuando hay más personas alrededor para “calentar” el terreno para más tarde.

Tomar las riendas. Con amor (no con imperativos o con desvalorizaciones) mostrarle qué y cómo nos gusta recibir placer. La comunicación es básica. Demostrarle con palabras, con gestos o acciones lo que queremos, para que luego ÉL lo lleve adelante también. No quedarse quieta esperando “el milagro”.

Deja la timidez o el temor de lado. Si nos soltamos también al intercambio, la pareja comienza a fluir y el hombre aprende. Los dos aprenden. La mujer comienza a hacer realidad su fantasía y el juego cómplice nace y nos hace renacer. Sutil pero seguro

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