La corrupción como fatalidad

La corrupción como fatalidad

Publicado el: 28 de agosto del 2017 a las 05:10 am . Por richardibarra

 

Por: Alberto Paredes Zúñiga

La fatalidad es algo que no puede evitarse, es una condición que está presente en las características de un hecho y no puede ser cambiado. Por eso, no es para nada imposible decir que la corrupción en la cúpula política, principalmente conformada por afiliados al PRI. Es una condición de estas características: Una verdadera fatalidad.

Si bien no es algo nuevo que el PRI y la palabra corrupción son dos conceptos que caminan de la mano, en el actual sexenio se ha hecho más evidente que nunca, de hecho, ahora raya en el absoluto descaro cuando se develan casos y casos de corrupción mientras la respuesta de las autoridades apenas oscila entre una tímida negación y una enorme omisión. Después de todo parece que el PRI del siglo XXI sí ha querido establecer claras diferencias con el del siglo XX ya que ahora parecen estar plenamente conscientes de que hagan lo que hagan su perpetuación en el poder no está en la democracia, sino en una perversión de ésta donde la compra masiva de votos y sólidas bases de militantes corruptos, pero disciplinados, les garantiza una cantidad de votos lo suficientemente grande como para lograr victorias electorales.

Ante lo anterior, no resulta extraño que la impartición de justicia no haya llegado en los casos de corrupción del Paso Express y Emilio Lozoya pues estas acciones resultan una forma ideal de actuar para un partido como el PRI que ha logrado hacer a la corrupción su forma de vida, dejando grandes cantidades de dinero a las arcas personales sin importar que se lleven entre los pies a las personas más desprotegidas (sin educación, saludo o sueldos dignos) que, casualmente, son las que representan la parte más grande de sus votantes.

Por eso,  a pesar de que el panorama electoral de 2018 comienza a delinearse y el PRI está más descalificado que nunca, no parecen estar demasiado preocupados pues saben que sin importar ninguna de sus canalladas (no creo que haya una palabra que abarque mejor a estas acciones) tendrán oportunidad de ganar algunas elecciones porque la corrupción, como cualquier tipo de cáncer, sino es atendida continúa extendiéndose.

Otro periodista muerto por hacer su trabajo

El pasado 22 de agosto asesinaron a Cándido Ríos Vázquez, un periodista veracruzano que había sido amenazado por autoridades locales por hacer su trabajo, es decir, por informarnos, a nosotros, sus conciudadanos para tener mayor conocimiento de las cosas que suceden a nuestro alrededor y así lograr explicarnos por qué cada vez nuestra vida tiene más complicaciones para ser vivida con plenitud y tranquilidad.

Con la muerte de Ríos Vázquez, van una decena de profesionales del periodismo que han perdido su vida por hacer su trabajo. Y que no quede duda de esto: A los periodistas mexicanos los pueden desaparecer por hacer su trabajo que además de ser su forma de subsistencia, es una gran responsabilidad pues representan la primera línea de defensa que los ciudadanos tienen ante el abuso del poder. Ante esto resulta ampliamente indignante que Roberto Campa (conocido por ser candidato presidencial del partido político que fundó Elba Esther Gordillo), quien actualmente ocupa la Subsecretaría de Gobernación, haya declarado que la muerte de Cándido fue causada por un ataque a su acompañante y no por su actividad periodística.

Sin embargo, Cándido tenía escoltas federales a causa de las amenazas referidas anteriormente y ni así pudieron evitar su asesinato. Parece más que claro que tenemos un panorama terrible pues por un lado están los gobiernos locales completamente sobrepasados y hasta infiltrados por la delincuencia  a tal grado que pueden amenazar a periodistas; mientras, por el otro lado, está el Gobierno federal que no sólo es incapaz de prevenir, juzgar y castigar cualquier delito, sino que la impunidad es tan grande que ni siquiera están dispuestos a aceptar la realidad.

@LuzdeEuropa

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