APUNTES… ARRANCA EL PROCESO ELECTORAL DECISIVO

Publicado el: 7 de septiembre del 2017 a las 05:44 am . Por richardibarra

Por: Guillermo Fabela Quiñones

Mientras la crisis generalizada que vive México se agrava, la clase política sólo tiene tiempo para actuar en defensa de sus intereses particulares y partidistas. Así se amplía el círculo vicioso que mantiene al régimen sumido en un estercolero, del que no se vislumbra una salida en el corto tiempo que tenemos los mexicanos para rescatar a las instituciones y hacer valer el Estado de derecho. El Instituto Nacional Electoral (INE) dará mañana, día 8, la señal de salida para que inicie el proceso electoral que concluirá con los comicios del primer domingo de julio del 2018, hecho que dará margen a un activismo partidista que no traerá nada positivo a la sociedad.

El fondo del problema radica en que la sociedad no cuenta con una representatividad concreta en el sistema político mexicano, el cual pasó del presidencialismo autoritario pero eficaz, al presidencialismo entregado a los poderes fácticos, y además ineficiente. A esta realidad se suma una proclividad a la corrupción de las élites que tiene costos de todo tipo, los cuales paga la sociedad en su conjunto haciendo más pesada la carga de una vida sin incentivos ni perspectivas de mejoramiento. El ciudadano común tiene muy claro que el aparato de gobierno no trabaja para resolver problemas sino sólo para evitar que se salgan de control.

Asimismo, está consciente de que cada día estamos más lejos del “rumbo correcto” que tanto alardea el Ejecutivo, porque el único proyecto de nación del régimen neoliberal es saquear lo más posible a la sociedad, como lo demuestran los hechos y no pueden ocultarlo las cifras que inventa la tecnocracia para engañarnos. Esto saldrá a la luz pública durante la campaña electoral, porque la derecha buscará aprovechar la coyuntura para golpear a sus adversarios políticos, los candidatos de Morena, y distraer la atención de los electores de los problemas fundamentales del país: la corrupción, la pobreza, el desempleo, la carestía de la vida, la violencia y la descomposición social derivada de todo ello.

También tiene claridad, el ciudadano común, de que dinero hay para que las élites lo gasten a manos llenas en actividades orientadas a mantenerse en el poder. Tal concientización es el resultado de treinta y cinco años de permanencia del modelo tecnocrático, lapso en el que se desgastó de tal modo que a la tecnocracia no le quedó otro recurso que hacer uso de un cinismo insultante. De ahí el crecimiento del círculo vicioso a los extremos actuales, comportamiento que a su vez ha contribuido a agravar la descomposición social que nos tiene al borde de un colapso institucional irreparable. No porque no se pueda integrar la mesa directiva de la Cámara de Diputados por los pleitos cortesanos entre el PRI y el PAN, sino por el riesgo de que se dé paso a un autoritarismo más feroz.

Paradójicamente, las cúpulas empresariales también serían afectadas, porque se crearía un ambiente adverso a las inversiones, a la apertura de negocios y se aceleraría la fuga de capitales. Se agravaría el problema migratorio en la frontera Norte, de por sí alarmante por las políticas agresivas e inhumanas de Donald Trump, las cuales sólo podrán ser detenidas por los propios estadunidenses. Y todo esto ocurriría como consecuencia del aferramiento del grupo mexiquense en el poder de mantenerlo al precio que sea, como se vio claramente en los comicios del estado de México, los más caros de la historia, cuyos resultados serán cuestionados por los votantes y el usurpador ejercerá el poder a contracorriente.

Vale preguntar a quienes tienen fuerza suficiente para influir en el rumbo de la nación: ¿qué caso tiene complicarse tanto la vida y complicársela aún más a las clases mayoritarias sólo por garantizar la permanencia en el poder de una camarilla cuyo único proyecto de gobierno es la depredación de las riquezas nacionales? No tiene sentido, como en su tiempo lo supo el primer presidente civil del régimen de la Revolución Mexicana: Miguel Alemán Valdés. Así como abrió las puertas de par en par a la corrupción en gran escala (para su tiempo), se dedicó a poner las bases del capitalismo de corte moderno en México, con autoritarismo y golpeando a las clases mayoritarias, pero creando condiciones sociales para un indispensable desarrollo social.

En este momento, la cúpula burocrática no piensa en otra cosa que en aprovechar las circunstancias en su exclusivo beneficio, sin importarle las consecuencias de sus desatinos. Esto es lo que ha dado margen a Trump para lanzarse a fondo contra nuestro país. Su comportamiento contrasta con el que tiene frente a su contraparte canadiense, no porque sean de una misma procedencia sociocultural, sino porque el gobierno de Canadá se da a respetar, lo que no puede hacer el mexicano. Nunca como ahora el ocupante de la Casa Blanca había tenido un trato tan irrespetuoso y hasta soez hacia el gobierno mexicano, como así lo registrará la historia.

En este difícil contexto, tanto al interior del país como fuera de nuestras fronteras, se llevará a cabo el que será uno de los procesos electorales cruciales de México, el cual definirá en buena medida nuestro destino. Será menos complicado en la medida que los poderes fácticos tomen conciencia de la importancia de que se realicen sin contratiempos y conflictos insalvables. Lo único que podrá evitar una situación indeseable será que permitan a la sociedad mayoritaria expresarse con libertad en las urnas. No hay condiciones objetivas para que haya un fraude más, porque sería la gota que derramaría el vaso de la paciencia ciudadana.

Sería una apuesta perdida suponer que la gente defraudada, que serían millones, acabaría aceptando el fraude como creen que así habrá de suceder en el estado de México. No hay que perder de vista que lo único que sostiene la gobernabilidad del país es la esperanza en un cambio verdadero, lo cual significa la apertura de un modelo incluyente, una lucha frontal contra la corrupción, promover un crecimiento real superior a la tasa inflacionaria que permita la creación de empleos productivos, con salarios que incentiven el mercado interno. No se necesita más, pero tampoco nada menos. Entonces no habrá necesidad de mantener a las fuerzas armadas en las calles.

(guillermo.favela@hotmail.com)

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