APUNTES… LO QUE NOS FALTABA: TERREMOTO POLÍTICO

Publicado el: 11 de septiembre del 2017 a las 05:37 am . Por richardibarra

Por: Guillermo Fabela Quiñones

En un marco de graves calamidades naturales, llega a su quinto año el sexenio que pasará a la historia como el del declive total del presidencialismo hegemónico. En el último tramo, la extrema debilidad del Ejecutivo por los excesos en materia de corrupción y de constantes desaciertos políticos, dará paso a un régimen de nuevas reglas que tendrán que acatarse para evitar un colapso nacional, como el que presagian los dramáticos siniestros naturales que propician, a querer o no, un despertar de conciencias.

La disyuntiva es muy clara: se rescata el Estado de derecho como un elemento insoslayable para evitar el derrumbe anunciado de las instituciones públicas, lo que sólo podrá lograrse con el respeto pleno a la voluntad de la sociedad nacional; o sobrevendrá un siniestro político que realmente “moverá a México”, pero hacia un desastre fatal del que no se escaparán ni las élites, mientras no comprendan la necesidad imperativa de solidarizarse con el país que los ha llenado de privilegios.

Sin embargo, esto se niega a entenderlo el grupo mexiquense en el poder, el cual se hizo de éste con la fuerza del dinero y pretende ahora conservarlo con el uso de la fuerza bruta, decisión drástica cuyas consecuencias serían más costosas que los terremotos que hemos sufrido y todas las catástrofes del cambio climático que están pronosticadas. Es válido tal señalamiento por la firme intención demostrada de Enrique Peña Nieto en seguir una estrategia tan fuera de contexto que sólo augura más sufrimientos para los mexicanos.

Es absurdo, bajo cualquier punto de vista, pretender entregarse de plano a los enemigos de México con tal de salvar los privilegios logrados en el ejercicio del poder, dejando al país en manos de los intereses trasnacionales más depredadores jamás conocidos. Tal es el objetivo de las llamadas reformas estructurales, un verdadero proyecto desnacionalizador, antidemocrático y avasallador en el sentido de imposición de intereses de una minoría sobre los de las clases mayoritarias.

Tal decisión es muy clara en el modo de imponer políticas públicas que llegan al absurdo, como la de insertar a México en la confrontación entre Estados Unidos y Corea del Norte, con tal de afianzar el apoyo de Donald Trump con el cual la élite peñanietista pretende salvaguardar no sólo sus canonjías sino mantenerse como grupo hegemónico por tiempo indefinido. Asimismo, seguir crispando la vida política nacional con provocaciones estúpidas, como el cohetón que fue lanzado contra uno de los cuatro helicópteros de la comitiva de Peña Nieto en una gira a Oaxaca el pasado jueves, con el fin de culpar a maestros de la sección 22.

No fue un acto fortuito que el artefacto, que pudo lanzarse con un mecanismo especial, diera en el aparato en el que viajaban los reporteros. Así, Peña Nieto tuvo el pretexto para decir: “Muchas de las expresiones de inconformidad que hoy se viven en torno a este lugar (el más combativo contra la reforma educativa) tienen que ver con uno de los cambios estructurales que hemos impulsado y que la sociedad ha venido haciendo suyos, y los padres de familia también y son promoventes (sic) de la reforma educativa”.

En el transcurso del sexenio ha quedado claro que la imposición ha sido la regla, con el único objetivo de entregar la rectoría de la educación (y los grandes negocios que representa) al sector privado. Así se patentiza la ambición del grupo mexiquense en el poder de marcar una nueva etapa en el devenir del sistema político mexicano, tal como en su tiempo lo hizo Miguel Alemán Valdés. Con la gran diferencia de que éste era un político muy avezado y hasta brillante, tanto que logró su objetivo de poner fin al sistema democrático e incluyente del presidente Lázaro Cárdenas y, lo más importante, aprovechar la coyuntura de la Guerra de Corea para impulsar la industrialización del país.

Viene al caso una pregunta que todos nos debemos hacer: ¿qué ganará el país con el proyecto desnacionalizador y antidemocrático impulsado por Peña Nieto? Nada en absoluto, en cuanto que se afianzará el modelo maquilador, ajeno al de una industrialización sustentada en el fortalecimiento de mano de obra calificada, de innovación científica y tecnológica propia, de un capitalismo con capacidad para enfrentar las presiones del capital financiero global y de los organismos internacionales al servicio de éste.

Lo que conseguirá Peña Nieto es poner fin al sistema presidencialista, lo cual en otras circunstancias sería muy positivo. Por ejemplo, un mandatario al servicio de la sociedad nacional, aprovecharía las profundas contradicciones que vive Estados Unidos para obtener algún beneficio para México en las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ahora que Trump está poniendo toda clase de trabas a los migrantes indocumentados. Pero como Peña Nieto sólo piensa en los intereses de una minoría a la que sirve fielmente, lo que a final de cuentas habrá de conseguir es dejar un sistema político en bancarrota semejante a la económica.

El riesgo es tan evidente que incluso el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, ya se está “curando en salud” (como se dice coloquialmente). Dijo: “No podemos como INE hacernos cargo de resolver todos los problemas del país: la desviación de recursos públicos es corrupción y eso no nos toca inhibirlo. Es un mal endémico” (La Jornada, 9/8). Asimismo, puntualizó que “la figura presidencial tiene una responsabilidad mayúscula en cuidar las elecciones y no intervenir”, como aceptó lo hizo Vicente Fox en los comicios del año 2006 y seis años después Felipe Calderón, sin que pasara nada “porque tenemos un sistema inacabado de responsabilidades de los funcionarios públicos”.

¿No es precisamente el papel fundamental del INE contribuir a que tal sistema inacabado se logre superar? ¿No acabamos de presenciar el mal papel que hizo en los pasados comicios para elegir gobernadores en el estado de México, Nayarit y Coahuila? ¿Qué podemos esperar en el 2018? Sería el peor de los desastres nacionales que se prestara a que el grupo mexiquense consumara el fraude anunciado. Evitarlo sólo será posible en la medida que los consejeros del INE no sólo “inhiban”, sino que se opongan a la corrupción y actúen con dignidad y patriotismo.

(guillermo.favela@hotmail.com)

 

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