APUNTES… EFECTOS DEVASTADORES, LOS DE LA CORRUPCIÓN

Publicado el: 12 de septiembre del 2017 a las 06:10 am . Por richardibarra

Por: Guillermo Fabela Quiñones

Las catástrofes atmosféricas de este año demuestran los efectos devastadores del cambio climático, al ser las más terribles de las últimas décadas. Por supuesto, los más afectados son los países que menos participan en la emisión de gases de efecto invernadero, cuya pobreza los hace más vulnerables. El paso de los huracanes recientes por las Antillas, el Caribe y el sureste mexicano, agravó la devastación endémica que produce la falta de crecimiento y desarrollo social en la región, que en nuestro país es injustificable porque aún contamos con grandes riquezas naturales.

Desgraciadamente, de modo permanente somos víctimas de un flagelo tanto o más destructivo que los huracanes y los terremotos: la corrupción. Sus efectos los sufrimos la mayoría de ciudadanos de a pie, sin la esperanza de que los damnificados sean socorridos como lo patentizan los hechos. Es de tal magnitud el daño permanente a la sociedad que diversas organizaciones sociales empiezan a levantar la voz para alertar a las élites sobre la necesidad imperiosa de poner fin al fenómeno producto de la ausencia de ética y principios elementales.

La Arquidiócesis Primada de México, en su semanario Desde la Fe, en el editorial titulado “Roban pero salpican”, puntualiza que “la corrupción eclipsa lo bueno que puede contar cualquier gobierno”. Con tal afirmación descalifica al gobierno de Enrique Peña Nieto, el cual a lo largo del sexenio ha presumido de que “lo bueno cuenta y cuenta mucho”. Tendría sentido tal lema propagandístico si se corroborara en la práctica que hay resultados dignos de ser aplaudidos; pero los hechos demuestran todo lo contrario porque el saldo de la administración de Peña Nieto es muy negativo en todos los rubros del quehacer gubernamental.

Ni modo de presumir el aumento de los datos relativos al número de muertos y desaparecidos en los cinco años del actual sexenio, superiores a los del desgobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa. En los meses de enero a junio se registró que 21 mil mexicanos fueron asesinados, y en el mes de julio la cifra se elevó en 2 mil 234 homicidios dolosos más, cifras que superan a los muertos que organismos internacionales tiene registrados en Afganistán, Iraq y Somalia, países que enfrentan guerras civiles. Lo más lamentable del caso es que se afianzó la impunidad porque el común denominador es que en más del 98 de los homicidios no hay ejercicio de la justicia, como lo patentiza en toda su crudeza los crímenes contra periodistas mexicanos en el sexenio, que suman 36 asesinados hasta este mes de septiembre.

Contra lo que Peña Nieto había prometido al inicio del sexenio, de que las reformas estructurales vendrían a favorecer la economía en general, a la fecha sucedió lo contrario, pues todos los servicios que prestan las empresas productivas de recursos energéticos y los productos de consumo popular subieron desproporcionadamente. El Inegi no tuvo más remedio que reconocer que la inflación en el mes de agosto llegó a 6.6 por ciento, la más alta en 16 años, particularmente por las alzas en los productos agropecuarios, donde más se resintió la elevación de los precios de las gasolinas y la electricidad, así como la devaluación del peso. Obviamente, esto no puede afirmarse que cuente mucho y deba festinarse con bombos y platillos. Aunque sí lo hace el aparato propagandístico del gobierno, con un altísimo costo que necesariamente debe haber contribuido a favorecer el proceso inflacionario al elevar el circulante en un entorno de muy baja productividad.

No es que uno sólo vea el lado negativo del gobierno de Peña Nieto, sino simplemente que no se encuentra por ningún lado nada digno de aplauso, de mínimos elogios, de posibilidad de señalar una ligera intención de favorecer al país. Nada de eso en ningún renglón de la administración y del quehacer político, a pesar del caudal de autoelogios gubernamentales. Simple y llana objetividad ante los hechos por demás ilustrativos del fracaso de un régimen dedicado absolutamente a la depredación de las riquezas nacionales, comportamiento tan dañino o más que las catástrofes naturales sufridas este año.

Sin embargo, el inquilino de Los Pinos sigue con su desaforado y absurdo “optimismo” que choca con la realidad; aunque lo más indignante es que quiera aprovechar problemas graves, como los ocurridos con los huracanes recientes y el terremoto del jueves pasado, para hacer llamados en favor de la unidad, y decir cínicamente que “unidos los mexicanos somos invencibles”. ¿Qué unidad puede haber en una sociedad tal dividida como la mexicana, donde más de tres cuartas partes de la población sobrevive en condiciones de pobreza endémica, sin perspectivas de mejoramiento sino todo lo contrario como lo patentizan las cifras oficiales?

¿Acaso la política económica del régimen no está estructurada de modo que se beneficie una minoría cada vez más reducida, a la que se ha favorecido con la tendencia monopolizadora de los bienes del país? Tal proceso es el que más ha contribuido a la división de la sociedad, de ahí que suene a burla el exhorto a la unidad que hacen los gobiernos neoliberales. Bien que saben que tal llamado es equivalente a lanzar humo al viento; la unidad no existe porque el pueblo tenga una innata tendencia a la desunión, sino porque las élites tienden naturalmente a separarse lo más que se pueda de las clases mayoritarias, en todos y cada uno de los aspectos de la vida social.

¿Qué unidad puede haber cuando la impunidad sólo favorece a los integrantes de las élites como en los tiempos de la dictadura porfirista? Como señala el editorial aludido del semanario de la Arquidiócesis Primada de México: “un gobierno de compromiso pone a los corruptos en la cárcel”, lo cual sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país, a pesar de que Javier Duarte de Ochoa esté preso, aunque sin que sobre él caiga el peso de los gravísimos delitos de los que es acusado por el pueblo veracruzano. En consecuencia, los meses que faltan para que finalice el sexenio encabezado por la cúpula mexiquense, podrían ser aún más fatales que la temporada de huracanes, ésta y la del año próximo. Por todo lo anterior puede afirmarse que el título del editorial mencionado es incorrecto: la mafia del poder roba pero no salpica.

(guillermo.favela@hotmail.com)

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