Las 3 leyendas más aterradoras de Durango

Las 3 leyendas más aterradoras de Durango

03/06/2021

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Las leyendas sin duda son algo que abunda en Durango, con más de 450 años de historia, la ciudad reboza de folklor y con ello de leyendas. Sin embargo este es un recuento de tres de las leyendas más aterradoras del estado.

1.El músico que le tocó al diablo / El baile de los condenados

Esta leyenda data de principios del siglo XIX cuando el músico más famoso de Durango, era Arturo Lugo y él junto a su grupo musical amenizaban fiestas. Un día un hombre llegó a tocar a su puerta y como se veía muy bien vestido y le pagó por adelantado con monedas de oro, Arturo aceptó.

La noche llegó y el músico y sus amigos tocaron un buen rato, hasta que durante un descanso programado, Arturo Lugo se topó con una vieja conocida. Ella le preguntó qué hacía ahí y cuando él se lo comentó ella, horrorizada le pidió que huyera. La mujer había muerto hace cinco años y el anfitrión era el diablo, quien luego de la fiesta torturaba a todas las almas de ahí.

Arturo y sus músicos huyeron, pero el artista olvidó su violín. Cuando al día siguiente tomó valentía y volvió a la mansión, esta era solo una casa en ruinas pero si se encontraba ahí su instrumento.

Existen varias versiones, que insisten en que Arturo quedó maldito desde entonces y su grupo se desintegró, así como el murió en la ruina. Otros dicen que solo fue ese gran susto que lo volvió más humilde y precavido. Algunos más dicen que el músico en realidad nunca salió y continúa tocando en la fiesta infernal.

Muchos otros afirman que si pasas por Los Remedios en la madrugada, puedes escuchar la fiesta del diablo.

2. El Tren Fantasma de Poanas

Esta, que no sucede en la capital pero es otra de las leyendas más escalofriantes de Durango, se remonta a los tiempos de la revolución mexicana. En Poanas n tren que llevaba a más de 200 soldados con sus provisiones y armas, fue emboscado por sus contrincantes. Con explosivos hicieron volar varios vagones, causando las muertes de los soldados así como muchos quedaron quemados, con miembros mutilados o quemados. Los soldados contrincantes subieron a los vagones a robar y a matar a los sobrevivientes que encontraron, aunque se dice que muchos que si lograron sobrevivir terminaron agonizando por mucho tiempo pues nadie acudió en su ayuda.

Las personas del pueblo nunca hicieron nada por sepultar a los soldados, aunque se dieron cuenta de lo que había sucedido pues perros de la comunidad volvían con trozos de carne.

Sin embargo, cuando la tragedia se olvidó y la revolución terminó, a muchos les daba miedo ir a tomar e tren pues el trayecto estaba desierto y s decía que de noche se podían escuchar los sollozos y gritos de los soldados que fallecieron. E incluso si llegaban a la estación sin haber escuchado nada, cuando atardecía se podía ver escuchar el silbido de un tren acercándose e incluso se veía la luz del faro, pero nunca llegaba a la estación. Se detenía y luego de algún rato, la luz simplemente desaparecía pues era el tren fantasma que nunca llegó a su destino.

Muchos afirman que el tren continúa repitiendo su viaje, aún ahora.

3. El Carretonero de Analco

Esta es una de las leyendas de Durango que más se contaba en el barrio de Analco, de un sacerdote joven que llegó a la iglesia pero al caer enamorado de la hija de una de las familias que acudían al templo, se sumió en la desesperación. Aunque trató de evitarla y de comportarse como su oficio lo mandaba, un día que salió a caminar en el campo y se encontró con la joven, quien enamorada, lo besó.

El joven sucumbió ante eso y terminaron consumando la relación. Posteriormente, ella volvió a su casa y decepcionado de sí mismo, el padre decidió dejar su oficio. Decidido a librarse de su sotana y empezar una vida con la joven, pidió a un carrocero su vehículo, conducido por mulas, para así llegar más rápido a Analco. Sin embargo, después perdió el control del carruaje y terminó cayendo, pero su sotana quedó atrapada en el carril y las mulas continuaron corriendo, dejando su cuerpo destrozado y lleno de sangre, colgando del carruaje que las mulas detuvieron al llegar a la iglesia.

Se dice que en las noches se puede escuchar por los alrededores de la iglesia a las mulas corriendo y los gritos del padre.

 

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