Un día en la historia de Durango… Hacienda Atotonilco

Un día en la historia de Durango… Hacienda Atotonilco

Autor:
03/04/2021

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Un día, en la Historia de Durango.

Una de las tantas haciendas dentro del estado fue. SAN JUAN BAUTISTA DE ATOTONILCO DE CAMPA

Por Pedro Núñez López

Esta hacienda se halla en la región limítrofe de los valles centrales de Durango y la región semidesértica que baja lentamente hacia La Laguna. Es una región de ricos pastos con algunos aguajes naturales aptos para la cría de ganados.

Varias mercedes fueron conformando la hacienda; entre ellas, la otorgada en 1569 a Pedro de Heredia con derecho a la encomienda de los indígenas del pueblo de Atotonilco, la otorgada en 1574 a Bernardo de Luna en el puesto de Atotonilco y la mercedada, en 1589, a Pedro Hernández Caro. Este vendió la estancia a Rodrigo de Río de la Lossa, quien la agregó a sus numerosas propiedades. A su muerte, pasó a su esposa María de Aguilar ya suprimo Juan de Gordejuela e Ibargüen.

Entre 1638 y 1657, perteneció al capitán Juan de Nava de Sugasti, minero de Cuencamé, quien dio a Atotonilco el nombre de su santo patrono.

Por otro lado, las tierras de Sombreretillos, que también formaron parte de la hacienda, fueron mercedadas en 1639 a Lucas de Medina, rico propietario de los alrededores.

A principios del siglo XVIII era de Antonio de la Campa y Cos y después de su hijo Juan, quien estuvo casado con Andrea Menéndez. Los hijos de este matrimonio: Antonio, Juan, Agustín, Fernando y Ana María, quedaron bajo la tutela de su tío, el bachiller Juan Bartolomé de Menéndez. El bachiller sostuvo un largo pleito con los habitantes del cercano poblado de Ocuila para lograr obtener el agua del manantial que surtía al poblado. Después al no querer renunciar al manejo de la hacienda, sus sobrinos encabezados por Agustín, tuvieron otro largo litigio con él hasta que lograron que les fuera devuelta su tierra en 1749.

Pedro Cazal y Zuloaga, un vasco que se dedicó a la minería en la región de Cuencamé, compró Atotonilco a los Menéndez. A su muerte en 1803 dejó como herederos a su esposa Ana Chamorro, a su hija Gabina y a su yerno el santanderino Juan de la Pedriza. Al fallecer de la Pedriza y su esposa sin sucesión la hacienda fue rematada a su sobrino José María de la Pedriza, que después la traspaso a su hijo Rodrigo.

Como siguientes propietarios de la hacienda aparecen, sucesivamente, Antonio Pámanes y el licenciado José María Barrios. Como ambos debían fuertes cantidades, fue rematada en 1854 y en 1871. Fue entonces adquirida por el licenciado Ladislao López Negrete y Buenaventura G. Saravia, quienes formaron la sociedad agrícola López Saravia para su explotación.

Al partirse la sociedad. Atotonilco quedó para Saravia y Sombreretillos de Campa para los herederos del Lic. López Negrete, quien había fallecido en 1897.

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La capilla presenta una sencilla portada con las jambas prolongadas, lo que le da mayor altura. Sobre ella, a media pared, está la ventana coral y, más arriba con una imagen del santo patrono.

La torre es de dos cuerpos con pilastras que tienen figuras geométricas y que terminan con remates flamígeros sobre las comisas.

Es interesante la historia de la puerta principal, que es una buena copia de la que tiene la sala de la casa del conde de Súchil en la ciudad de Durango. En un costado de la casa se conserva un pequeño torreón para defenderse de los apaches. Hay también en la hacienda un rebote.

Fue reconstruida por Raymond Beli después de la Revolución.

Información e imagen obtenidas del Libro Las Haciendas de Durango, Dr. Miguel Vallebueno G. Página 144.

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