Órale! Qué Breves

Órale! Qué Breves

Autor:
01/08/2020

241216

Por: Pilar Aguilar

Cuando hace poco más de 50 años pisé por primera vez la redacción de un medio de comunicación, no fue precisamente para escribir una nota, sino para llevar los encargos de la tienda que me hacían los que las redactaban… Y es que en ese entonces, como lo he escrito en esta columna y otros espacios, tenía 15 años de edad y comencé a trabajar como ayudante en el taller de La Voz de Durango, donde mi hermano Javier era el prensista y mi hermano Filo, linotipista, porque Leoncio, el mayor de los Aguilar Márquez, recién había dejado su empleo como linotipista en ese periódico, para atender la invitación para que desempeñara un empleo similar que le hicieron en El Sol del Pacífico, de Mazatlán, Sinaloa, propiedad en ese entonces del Coronel José García Valseca… Bueno, pues mi trabajo en La Voz llamado ayudante de linotipos, era precisamente el de abastecer de metal los crisoles de esas máquinas en las que los textos de las notas escritas por los reporteros los fundía en lingotes de metal, también limpiaba esas máquinas y fundía la rebaba de ese metal… Como labor extra, me dieron el cargo, claro por el mismo sueldo de cien pesos a la semana, de IBM, mejor conocido como mandadero… Don Salvador Nava Rodríguez era el dueño y director, Didier Bracho Soto, el subdirector, Salvador Vázquez Morales, jefe de Redacción, en tanto que los reporteros, José Ramón Hernández Meraz, Miguel Ángel Vargas Quiñones, Juan Francisco Arroyo Herrera, José Luis Burciaga, Eduardo Castro Romero, Gilberto Niebla, Guillermo Rodríguez Gallegos y Juan Antonio Valles… Claro, a este servidor que desde pequeño, cuando vendía El Sol y La Voz le atraía mucho el tema de la noticia, sin tener siquiera una idea de cómo se llevaba hasta los periódicos, al conocer a todos esos personajes de los que había leído sus notas, me sentía importante y los veía como unos verdaderos héroes… La entrada para los empleados del taller estaba a un costado del acceso a la redacción, ahí en calle Juárez 110 Sur, por lo que cuando me empezaron a llamar a esta área para que fuera a comprarles algo, me sentía yo muy orgulloso, no solo de que me dirigieran la palabra los reporteros o sus jefes, sino porque entraba a la redacción, ya que algo me decía que algún día finalmente sería mi lugar de trabajo… Bueno, pues aunque don Salvador regularmente solo me ocupaba para que lo acompañara a comprar el tanque de gas que se usaba para fundir la rebaba del metal, había otras tres personas que casi a diario me mandaban a comprarles algo… Uno de estos era Chava Vázquez,  quien me pedía que fuera a la Cremería Durango, lugar que en ese entonces era muy visitados por parejas de novios, esposos o lo que sea, cuyo propietario Jorge Meraz, la tenía en avenida 20 de Noviembre, entre Pasteur y privada del Parque Nuevo, a un ladito del bar Ozeda… Me traes dos burritos, decía y la verdad es que desde que lo mencionaba, se me hacía agua la boca, porque estaban muy sabrosos, al igual que los Hot-Dogs que ahí también vendían… Otro de los que solicitaba mis servicios como IBM era Gilberto Fausto Niebla Flores, el cual fumaba cigarro delicados, conocidos también como “tablones” y como solo le daba tres fumadas a cada uno y los apagaba para luego echarlos al cesto de la basura, pues al menos dos ocasiones por día me mandaba comprar una cajetilla… Por cierto, también era común que me enviara al negocio del señor Galarza, que se ubicaba en calle Aquiles Serdán, poco antes de llegar a Victoria, casi contra esquina del Cine Durango… En ese lugar el señor Galarza preparaba una ricas tortas de jamó con pierna de puerco, aguacate, rajas de chile jalapeño, rodajas de tomate y cebolla, que le quedaban como para chuparse los dedos y justamente de esas le gustaba a Gilberto Niebla disfrutar, por lo que casi a diario encargaba que le comprara una… El tercero de los personajes que me mandaba a la tienda, se llamaba Didier Bracho Soto, el subdirector… El regularmente me pedía que fuera a comprarle una cajetilla de cigarros marca Raleigh, cuyo aroma antes de fumarlos y el humo que despedían ya encendidos eran muy agradable, fácilmente se distinguían de otras marcas, por eso se catalogaba a quienes los usaban, como personas de buen gusto, finas y elegantes… Y en el caso de Didier, lo anterior combinaba con su forma de vestir, siempre pulcramente, de traje y corbata, en tiempo de frío su gabardina, bufanda y sombrero tipo detective, con un trato amable y respetuoso para todos, incluso para su mandadero, que era yo… Bueno, pues al tomar un poco de confianza, cada vez que el Licenciado, como yo le llamaba, me encargaba que le comprara cigarros, le preguntaba que si me podía regalar uno y amablemente me respondía, primero que si estaba consciente de que al empezar a fumar desde corta edad me quedaría chaparrito, pero yo le manifestaba que no me importaba y luego me daba el sí, entonces le preguntaba que si podía tomarlo antes de entregárselos, a lo que también accedía… Así es que como casi todos los días iba a comprarle los Raleigh, en el trayecto me fumaba el mío y llegaba, le entregaba la cajetilla y siempre me decía: “Se va aquedar  con una sonrisa chaparrito”… Voz de profeta la de Didier Bracho Soto, al que aunque nunca se lo dije, le aprendí mucho con solo verlo entregado a su trabajo en La Voz, posteriormente de vez en cuando nos encontrábamos y siempre el saludo de él para mí fue: “Hola chaparrito”, con lo que sentía yo que reiteraba lo que me dijo aquella vez cuando a mis 15 años de edad le solicité el primer cigarro… El miércoles de la semana pasada que me enteré de su lamentable fallecimiento, recordé la advertencia que me hizo y muchas otras cosas bonitas que vivimos en La Voz de Durango, donde me nació el gusto por el periodismo, el que empecé a practicar años después y hasta la fecha… Descanse en Paz el licenciado Didier, quien en estos momentos ya se encuentra reunido con muchos de los que en aquella época eran parte del equipo de La Voz, y desde este espacio le deseo una pronta resignación a sus familiares… Si Dios quiere nos leemos nuevamente mañana y no se les olvide que yo les deseo el doble de lo que ustedes me desean a mí… Y recuerda, si no deseas que el Coronavirus te alcance y te mate ¡Quédate en Casa!.

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