Sin ella

Sin ella

Autor:
26/12/2020

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¿Te has preguntado alguna vez, como sería tu mundo, sin ella? Tú, seguramente en más de una ocasión has pensado abandonarla para ser libre, para ser “tú”, para ser feliz, ¿te has imaginado solo(a)?

Te despiertas, es sábado, ya es media mañana. Casa alborotada, zapatos aquí y allá, ropa, libros, preparar el desayuno.
La madre que te esclavizaba con sus gritos, con sus órdenes, con sus reproches ¡NO ESTÁ! “No la necesito”, te decías. Nunca te comprendió… Te reñía por cualquier cosa, te regañaba por la manera cariñosa en que tratas a tus amigos…Ya no está, pero… ¿te sientes mejor ahora?, puedes ir a donde tú quieras.

¡Qué raro!, Ya no quieres ir a ninguna parte, ahora que nadie te prohíbe salir, no quieres salir. Podrías escuchar la radio todo el día, encerrarte en tu habitación para oír tus discos, esos que tanto le molestaban a ella, por el ruido que se le metía en la cabeza.

Ni siquiera tienes que encerrarte! Ni tienes que encerrarte para leer esas cartas o revistas por las que tantas veces te regañó.

Pero te hacen falta sus regaños, eran una especie de lenguaje de amor.

¡No te asustes! He dicho lenguaje de amor, porque, por ella sabías que alguien se preocupaba por ti. Y si alguien se preocupaba por ti, por lo que haces, por lo que oyes, por lo que ves, o por lo que lees; es por que te ama. Puede estar equivocada, pero te ama. ¿Nunca lo pensaste?, es posible que no.

Los demás no te dejaron tiempo para pensar en ello. Siempre estabas ocupado en otros problemas, en otra gente; no te diste cuenta de que la casa limpia, la mesa ordenada, la cena preparada, los rosales, la armonía de todo; tenían un nombre: “Mamá”.

Y mamá no esta… Y comprendes ahora que mamá estuvo y que sería bello que estuviera otra vez allí. Ahora, el tiempo te sobra… ¿Para que lo quieres?  ¿Qué vas a hacer con tus 15, 20, 35 o 50 años, sin ella?

Tienes muchos amigos. ¿Amigos?… Das ese nombre muy fácilmente. ¿Serías feliz con ellos?… ¿No te hace falta ir a la escuela?… ¡La escuela! … Dormías tan profundamente que no oíste el timbre del reloj. En eso escuchas un grito que dice: “Levántate hijo que se te hace tarde para ir a la escuela”… Fue tan solo un sueño, ¡Qué terrible pesadilla!

Quisiera recordarte que el tiempo se va de prisa, que un día no estará contigo. Se irá o te irás. ¿No tienes hoy algo que decirle?, Quizás “Gracias”, “Perdón”, “Te quiero”.

Lo que tengas que hacer o decir,  ¡Hazlo pronto! Y que salga de tu corazón.

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