¿Para qué sirven las vacunas?

¿Para qué sirven las vacunas?

Autor:
08/05/2020

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Los seres humanos nacemos con un sistema inmune, compuesta por células y sustancias que nos defienden de los virus, bacterias, hongos y cualquier organismo que nos quiera ocasionar alguna enfermedad. Tenemos barreras no específicas como la piel, los mocos o la saliva que evitan que organismos extraños ingresen al cuerpo; pero cuando alguno logra penetrar, unas células especializadas del sistema inmune lo detectan y lo eliminan.

Estos no es tan sencillo, ya que nuestro sistema inmune no conoce a todos los organismos potencialmente peligrosos, es por eso que la primera vez que se enfrenta con un patógeno debe reconocerlo y generar las armas necesarias para eliminarlo. ¡Pero el cuerpo es rencoroso! Una vez que nuestro sistema inmune reconoce un organismo no lo olvida y la siguiente ocasión que intenta enfermarnos inmediatamente lo identifica y lo elimina.

En términos generales las vacunas están compuestas por virus o bacterias debilitados que son suficientemente fuertes para despertar una respuesta de nuestro sistema inmune y así generar una memoria contra ellas (inmunizar), pero no suficientemente fuertes para lograr enfermarnos. Así, cuando nos enfrentamos al verdadero ataque de algún patógeno, nuestro sistema inmune, que ya está preparado contra ese organismo, lo reconoce y lo elimina antes de que pueda generarnos daño. La viruela y la viruela bovina son enfermedades ocasionadas por virus tan similares que la respuesta generada por nuestro organismo en contra de alguno, lo protege contra ambos.

Es por eso que Jenner logró inmunizar contra la viruela al niño Phipps con las pústulas de viruela bovina de las manos de la señorita Nelmes. La Real expedición filantrópica de la Vacuna La técnica de la vacunación llegó a España de la mano del Doctor Balmis, médico de la Corte del rey Carlos IV. Después de vacunar a gran parte de la población en España, el Doctor Balmis le propuso al rey llevar la vacuna a todos sus territorios en América, a lo que Carlos IV, conmovido por el deceso de su propia hija a manos de la viruela y siendo consciente del problemas tan grave que representaba en América, accedió a financiar la expedición. Hoy en día es sencillo transportar bacterias, virus o incluso órganos completos de un país a otro, sin embargo, a inicios del siglo XVIII planteó una verdadera travesía. Parecía que no había manera de transportar el virus o la vacuna ya que el viaje entre España y América duraba 2 meses, periodo en que el virus moriría.

La expedición no solo llevó el virus sino también manuales para que los médicos de las colonias pudiesen vacunar al resto de la gente. Al llegar a Venezuela la expedición se dividió en 2: José Salvany llevó los conocimientos y la vacuna a Colombia (Nueva Granada), Ecuador y Perú, mientras que Javier Balmis la llevó por todo Centroamérica hasta llegar a México (Nueva España). Al cabo de un tiempo, el Doctor Balmis partió del puerto de Acapulco hacia Filipinas (que en aquel momento era colonia española), China y finalmente de regreso hacia España. Durante esa titánica expedición se realizaron 250,000 vacunaciones directas y se calcula que más de 1 millón de personas se salvaron de la muerte.

Actualmente existen enfermedades virales como el sarampión, la rubéola, la fiebre amarilla o el dengue que tienen gran incidencia en América Latina y contra las cuales contamos con vacunas seguras y efectivas. A nosotros como individuos nos corresponde tener completo nuestro esquema de vacunación y completar el de nuestros hijos en tiempo y forma; a los científicos les corresponde investigar para desarrollar nuevas vacunas (SIDA, COVID-19) mejorar las vacunas ya existentes (malaria), disminuir los costos de las mismas y generar confianza en la población para que acudan a vacunarse. Finalmente, al gobierno, entre otras cosas, le corresponde financiar las campañas de vacunación, mejorar la infraestructura en zonas rurales para inmunizar a la mayor gente posible, realizar vigilancia para la detección de brotes y realizar contención de los mismos a través de cercos sanitarios.

“Ha sido un logro sin precedentes en la historia de la Salud Pública que llama la atención a todas las naciones, cuya acción colectiva ha liberado a la humanidad de este antiguo flagelo y ha demostrado que cuando los países trabajan unidos en una causa común, se favorece el progreso humano”.

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