APUNTES… Cosecha lo que sembró la casta oligárquica

APUNTES… Cosecha lo que sembró la casta oligárquica

Autor:
14/01/2020

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Por: Guillermo Fabela Quiñones

Ahora que están cosechando lo que sembraron, las élites oligárquicas se lamentan de que la realidad social del país esté llegando a niveles escalofriantes. Muchas veces lo dijimos, desde hace más de 25 años, que se estaba llevando a la nación a un caos del que ellas mismas serían las primeras en asustarse, tal como sucede en estos días luego de la tragedia sucedida en una escuela primaria de Torreón, que conmocionó al país y nos colocó al nivel de similares sucesos, muy frecuentes, en Estados Unidos.

Ahora se desgarran las vestiduras para lavarse su mala conciencia y arrojan culpas sin un solo asomo de autocrítica. Hay quienes de modo irresponsable tildan de homicida al niño víctima de un sistema podrido que llevó a este infante a quitarse la vida, después de cometer un acto demostrativo de la profunda angustia y soledad que cargaba en su interior. Los culpables de que aprendiera a usar pistolas y de que decidiera dispararlas en su escuela son quienes, con su codicia y perversidad demoníaca, llevaron a México a la catástrofe social que hoy sale a flote por el imperativo de ponerle remedio.

Si el régimen de la Revolución Mexicana venía en picada desde los años 60, con el arribo a la Presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, el golpe de timón que dio la tecnocracia corrupta y apátrida en 1983, lo hundió en el pantano de la deshumanización más lacerante y ominosa; se puso fin no sólo al Estado de bienestar sino a un futuro más digno para los mexicanos.

En ese momento, quienes ahora se lamentan de los sucesos que estamos viviendo, no alzaron la voz para oponerse a un régimen que con saña inaudita estaba creando condiciones de desigualdad y oprobio, como lo estamos viendo, realidad que aprovechan para inculpar a un gobernante que se comprometió, y lo está cumpliendo, a remontar la montaña de podredumbre dejada por la avaricia de la nueva oligarquía.

¿Acaso José Ángel, el niño de 11 años que disparó sobre su maestra y compañeros de salón para luego suicidarse, no fue víctima de un modelo de vida ajeno por completo a elementales valores humanos? ¿No es este sistema el que cambió radicalmente el modo de vida de las familias mexicanas, al obligar a las madres a tener como prioridad su trabajo en vez de la educación de los hijos? ¿No son las instituciones religiosas cómplices al anteponer sus prioridades políticas y económicas a su deber primordial de ser guías espirituales? ¿No se ha desvalorizado la cultura con la apología del crimen, la violencia y la codicia que se hace en la música, el cine y la televisión?

Por querer robotizar a los niños, utilizando para ello las tecnologías más sofisticadas, los están convirtiendo en asesinos sin alma ni conciencia, como lo demuestra el que cada día son más los niños sicarios, quienes prefieren vivir como sus modelos adultos, aunque mueran antes de llegar a la mayoría de edad. De ahí que quienes ahora alzan la voz para condenar a una sociedad en abstracto que propicia tragedias como la vivida por José Ángel, sean hipócritas que buscan limpiar su mala conciencia.

El veneno que nos está matando como sociedad fue inoculado desde muchos años atrás, y cobró fuerza con el arribo al poder de la tecnocracia cuyo propósito vital era enriquecerse sin límites. Y vaya que lo lograron, pero a un costo impagable.

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