APUNTES… Empatar tiempos electorales, única opción

APUNTES… Empatar tiempos electorales, única opción

Autor:
13/07/2021

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Por: Guillermo Fabela Quiñones

Durango es el estado norteño que sufre más rezagos en rubros sociales, económicos y políticos a nivel regional, situación que al paso del tiempo se ha acentuado por efectos inerciales. Este es ahora un problema que urge evaluar en sus causas estructurales, entre las que destaca un hecho ineludible: la inconveniencia de que la elección de gobernador no empate con la presidencial, lo cual ocasiona una desincronización del trabajo entre los gobiernos local y federal, cada vez más costosa en todos los órdenes, como lo revela la realidad.

Seis han sido los estados que han recurrido a la homologación del calendario electoral con la Federación, el último de los cuales fue Baja California, proceso que permitió que los pasados comicios de junio se llevaran a cabo no solo con menor costo económico sino con una mayor participación ciudadana. La experiencia ha demostrado que los gobiernos locales, sincronizados con el Federal, han recibido más apoyo de las instituciones federales por las facilidades no sólo en la tramitación de partidas presupuestales, sino en todo lo concerniente al quehacer político al permitir una mejor planeación por ambas partes.

Tal realidad será más necesaria en los años venideros por razones estratégicas del Estado mexicano. Es inviable un sistema partidista sin apoyo ciudadano, fenómeno que indefectiblemente sucedería de continuar por el rumbo seguido hasta la fecha. Las cifras de abstención en las urnas, cada vez más altas, pudieron frenarse gracias al proceso electoral de 2018, que despertó la conciencia colectiva por un país mejor, fenómeno explicable por el entusiasmo que motivó la campaña presidencial del actual Presidente.

Se equivocan quienes suponen que por los resultados obtenidos en los comicios de junio, los partidos coaligados que resultaron beneficiados seguirán manteniendo iguales o mejores votaciones. No es así, pues lo que ocurrió fue que se aprovecharon los graves errores del partido en el gobierno, tanto por la dirigencia como por el desinterés del propio mandatario en fortalecerlo. Pareciera que ese freno a Morena fue hecho a propósito, resultado de negociaciones cupulares que así lo consideraron razonable en la actual coyuntura.

Se logró el objetivo de apuntalar el proceso de alianzas partidistas, solo para evitar una catástrofe política como así habría sucedido al actuar por propia cuenta las tres organizaciones históricas: PRI, PAN y PRD. Las dirigencias suponen que tal alianza es el camino a seguir en el futuro, lo sería si no tuviera cada una de ellas sus propias tácticas e intereses. Como no es el caso, mucho menos en Durango, donde la sociedad empieza a despertar del letargo de ocho décadas de inmovilismo, lo más razonable es empatar los procesos electorales local y el federal, a fin de evitar el gasto inútil en elecciones sin votantes.

El sacudimiento político que significó la presencia de un partido ajeno a la urdimbre tradicional, obsoleta y sin futuro, fue de tal magnitud que tendrá que seguir adelante, con un partido que no defraude la confianza del pueblo, sea Morena o se llame del modo que se le ocurra al presidente de acuerdo con los poderes fácticos. Estos, no hay que olvidarlo, son los que imponen las reglas del juego. Entre estas, no lo dudemos, está una reforma electoral acorde con el imperativo de poner un alto al dispendio de la clase política, lo cual implica destinar mucho menos recursos a los procesos electorales.

En Durango no hay otra opción que dar paso a la reforma que abra la puerta a la homologación de las elecciones con la Federación. No hacerlo tendrá lamentables consecuencias, tanto políticas como económicas y sociales. Es el momento histórico para sacar al estado de su postración y pueda aspirar a un futuro mejor.

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