APUNTES… Más dura la lucha, lección de los comicios

APUNTES… Más dura la lucha, lección de los comicios

Autor:
09/06/2021

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Por: Guillermo Fabela Quiñones

Una vez concluido el proceso electoral intermedio más importante hasta la fecha, se confirma lo que se veía venir: el freno a un proyecto fundado en un liderazgo impracticable dentro de una sociedad polarizada, fenómeno que debía haberse resuelto con visión estratégica. Se hizo todo lo contrario y ahora se pagan las consecuencias: en lo sucesivo la lucha por la democratización del país será más ardua.

Era evidente lo que estaba sucediendo dentro del grupo compacto de Palacio Nacional, lo venimos señalando desde que quedó de manifiesto que la Cuarta Transformación (4T) no pasaría de ser un lema de campaña, cuando las contradicciones del presidente López Obrador se hicieron más obvias, a la par de sus confrontaciones estériles con medios de información y personajes que lo criticaban desde posiciones reaccionarias.

En un principio, durante meses, se le dio el beneficio de la duda.  Aún teníamos la esperanza de que sus devaneos y pragmatismo eran una táctica para afianzar su poder en un terreno muy pantanoso después de ocho décadas de la “dictadura perfecta” del PRI al servicio de la oligarquía. Luego nos fuimos desencantando al confirmar que se trataba de una estrategia preconcebida para salvar a las élites del colapso provocado por la súper corrupción de la tecnocracia en el poder.

La evidencia, una vez demostrado que el proyecto de la 4T no podía avanzar más, se produjo al dejar el partido que lo llevó al poder como un barco a la deriva. Se quedó sin los brazos con los cuales poder defenderse de las asechanzas de las cúpulas reaccionarias y sus corifeos, y creyendo a pie juntillas que con su presencia cotidiana en las conferencias matutinas no necesitaba ni al partido ni a nadie que lo ayudara a tomar decisiones estratégicas. Lo más lamentable es que lo siga creyendo, como se advierte por su ausencia de objetividad después de conocerse los resultados preliminares del proceso electoral.

En la Ciudad de México, Morena perdió las principales alcaldías, así como los dos estados estratégicamente necesarios para apuntalar el futuro de cambios democráticos de fondo: Nuevo León y Chihuahua. Asimismo, el cuarto municipio por su importancia en el país: la ciudad de Puebla. Y en el Congreso perdió la mayoría que le permitía aprobar cambios a la Constitución, pero el mandatario ve como un logro conservar la mayoría simple que obliga a buscar alianzas con sus adversarios.

Culpó del fracaso en la capital del país a “la campaña de desprestigio de los medios de comunicación”, no a los errores cometidos con una irresponsabilidad evidente, que ahora genera dudas sobre si fue premeditada o producto de la inconsistencia de un proyecto sin fundamentos categóricos. De igual modo, sin un elemental asomo de autocrítica, afirmó que la única modificación que hará a su partido y a su gobierno es “que se apoyará más a los pobres”.

Así se confirma también lo que habíamos estado señalando, que con su actitud y constantes confrontaciones le estaba dando argumentos a la camarilla reaccionaria para decir que tenían razón. Lo más penoso es que seguirá con lo mismo, como lo dejó ver en la “mañanera” del lunes 7. Según el presidente, con la elección del domingo “se dio fin al clasismo y la injusticia”; que la división que caracteriza al país “ya lleva años, desde que se ignoraba al pueblo”.

El clasismo y la injusticia no se van a terminar con demagogia, ni mucho menos la pobreza sin una política de desarrollo que aliente la productividad, el empleo y la justicia social verdadera.

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