CALEIDOSCOPIO… Colosio

CALEIDOSCOPIO… Colosio

Autor:
23/03/2021

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Por: Socorro Soto Alanís

Vi a Colosio por primera vez en Durango. Sonriente, sencillo, pero seguro, carismático. Solicité trabajo al equipo Sedesol, hoy Secretaría de Bienestar. Fueron días intensos, una agenda a reventar, mucho compromiso social y la seguridad de que se podía cambiar a este país. Camisa de cuadros, botas muy al norte, fiel a sus raíces sonorenses.

Por esa intuición que me permite saber -a veces sin proponérmelo- a quien tengo enfrente, supuse que era sincero en sus propósitos y me sume por voluntad propia a su proyecto, cuando era un riesgo. Era lejano a la demagogia y a la prepotencia.

Economista, inteligente, posgrados en el extranjero, con la radiografía del país, gracias a su carrera en la Secretaría de Programación y Presupuesto, como diputado federal y en la Sedesol, entendió que México tenía “hambre y sed de justicia”. Por años sumó a su causa a jóvenes y viejos políticos y de muchas regiones.

Recorrió el país y sumó voluntades. Convocó a las mentes más lúcidas del país y del extranjero y se sentó a escucharlos en el “Seminario Justicia y Libertad en las sociedades modernas”, era junio de 1993 y respondieron a su llamado: Carlos Fuentes, que llenó el escenario con su presencia y su palabra, González Pedrero, Friedrick Katz, Rolando Cordera, Daniel Bell, Leopoldo Solís, Michelangelo Bovero (discípulo de Norberto Bobbio), Leopoldo Zea, Arnaldo Córdova y Fernardo Benítez. Y yo ahí de privilegiada y boquiabierta.

Amante de la ópera ¡qué ironía! Su tragedia supera a cualquier obra trágica del bel canto. Amante de la poesía, el día que lo postularon a la presidencia, llamó a su equipo y les regaló un libro de Sabines. Disfrutaba correr en motocicleta. En otra de sus visitas a Durango, ya como candidato y rumbo a Gómez Palacio, vi como disfrutaba manejar en carretera, en Gómez le ofrecieron su apoyo tres hijos de expresidentes: Abelardo Rodríguez, Álvaro Obregón y Elías Calles. Vital a la par que jovial.

Hablé con Colosio por última vez en Durango, después del mitin en Soriana, en medio de una multitud y sin protección; en el Hotel Gobernador. Gabriela Sánchez y yo caminamos con él por los jardines. El 6 de marzo, en el marco esplendoroso del Monumento a la Revolución, lo vi por última vez. Pronunció un discurso vital. Su padre me dijo después: “ese día mi hijo firmó su sentencia de muerte”. El 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, en una boca de lobo en Tijuana lo asesinaron.

Twitter: @cocosotoalanis

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