Compra de votos o clientelismo electoral, para el caso es lo mismo, pues al final lo que cuenta son los votos

Compra de votos o clientelismo electoral, para el caso es lo mismo, pues al final lo que cuenta son los votos

Autor:
01/05/2021

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Por: Gilberto Jiménez Carrillo

El clientelismo político, es decir, el intercambio de favores materiales por subordinación política, se ha considerado durante mucho tiempo uno de los rasgos más persistentes y dañinos de la política en los países en desarrollo. Elección tras elección, los partidos políticos se quejan de que sus competidores tratan de comprar a los votantes canalizando bienes materiales hacia las comunidades rurales y hacia los barrios urbanos pobres. El debate sobre la compra de votos, de hecho, la práctica misma de la compra de votos, se basa en la suposición implícita de que el clientelismo es una estrategia eficaz de movilización electoral. Se suele creer que la miseria física deja a los votantes pobres sin más remedio que vender sus votos al mejor postor.

El debate sobre el clientelismo electoral con frecuencia da por hecho que los electores pobres son víctimas fáciles de la compra de votos. Las múltiples carencias a las diariamente se enfrentan, los empujan a buscar protección bajo el abrigo de intercambios clientelares. Carentes de recursos tanto económicos como políticos, parecen no tener más remedio que sacrificar sus derechos políticos a cambio de recompensas materiales. Los ciudadanos pobres son fácilmente manipulados cuando la ignorancia es parte de la miseria de sus vidas, por eso las elecciones son vistas como meros circos de recolección de fondos. Los votos, según este punto de vista, son simples mercancías que los pobres intercambian por dinero u otro tipo de apoyo, sin que medie reflexión alguna. Por eso el término de clientelismo electoral, pues gran parte de los ciudadanos son vistos solamente como clientes.

En México, los debates apasionados sobre las prácticas clientelistas han sido conducidos sin pedir opinión a los presuntos clientes y los votantes son tratados como objetos pasivos en las campañas. El idioma español tiene varias formas de llamar a las personas situadas en los niveles más bajos de la pirámide socioeconómica: los pobres, los marginados, el pueblo, los que no tienen, la gente humilde. Finalmente, estas personas forman parte de la gente necesitada o de la más necesitada.

Concebir a los actores políticos como personas necesitadas es diferente de concebirlos como poseedores de preferencias, intereses o valores. La gente define sus preferencias, pero no sus necesidades.

Cuando de conseguir votos se trata, los partidos, los candidatos y los gobiernos, van en busca de la gente más sencilla, más ignorante o más necesitada. Los necesitados eligen incorrectamente, no saben, son borregos siguiendo a sus líderes corruptos. sus opuestos no son sólo los ricos, sino también la gente informada, la gente preparada, los que saben.

Precisamente por la necesidad que existe en todas las regiones del país, en época de campañas todos piden ayuda. Lo primero que se hace cuando llega el candidato es saludarlo y luego pedirle y luego no dejar de pedirle. Que es lo que se reparte: dinero en efectivo, gorras, playeras, lápices, encendedores, despensas, desayunos, sacos de cemento, fertilizantes, semillas, pollos y un largo etcétera. La lista es impresionante. Con estas ayudas, cabe la posibilidad de que los regalos se transformen en votos, esto a pesar de que el voto sea secreto, pues quien da la dádiva o apoyo piensa que el beneficiario será agradecido.

A todo esto, se le llama clientelismo electoral o compra de votos, que para el caso es lo mismo, pues al final lo que cuenta son los votos.

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