En tiempos de simulación política, la lealtad es un valor a toda prueba

En tiempos de simulación política, la lealtad es un valor a toda prueba

Autor:
14/10/2020

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Por: Gilberto Jiménez Carrillo

Hace algunos días, el presidente Andrés Manuel López Obrador comentó que el Gobierno federal pide a sus funcionarios lealtad a ciegas al proyecto de transformación que él encabeza. El Mandatario dijo que el proyecto de transformación necesita esa característica para funcionar, y tiene razón, finalmente la inmensa mayoría del pueblo eligió al actual Gobierno para eso, para llevar a cabo un proyecto de verdadera y autentica transformación, que por cierto va por buen camino. De inmediato surgieron las críticas, por ejemplo, el “chayotero” periodista Carlos Marín, escribió que la incondicionalidad no se les puede pedir ni a los perros. Hasta antes del 1 de julio del 2018 Carlos Marín le era incondicional al chayote y como ya se le acabó, ahora si ya se volvió condicional, lo cual no hacen ni los perros.

Decir que el perro es el mejor amigo del hombre no es poca cosa, pues estos animalitos son los seres vivos más leales del mundo. La deslealtad ha estado plasmada a lo largo de la historia. Según Dante Alighieri es uno de los actos más viles, en su obra “La Divina Comedia” confinó a los traidores al último círculo del Infierno. Hoy en día, políticamente vivimos un fenómeno que ha hecho crecer la desconfianza: la simulación, El que simula aparenta, finge cumplir con objetivos, tener los mismos ideales, las mismas metas en común, los mismos valores; entonces se convierte en un personaje creíble, afín, en una persona confiable a la cual ayudamos y de la cual pretendemos ayuda, sin embargo, lo peligroso de estos simuladores es que traicionan y venden la lealtad.

La elección del 1 de julio está poniendo a prueba a la mayor parte de los políticos del país, está demostrando la facilidad con que los partidos políticos aceptan militantes del “enemigo” y ha puesto en evidencia campañas electorales basadas en acusaciones antes que en propuestas, en enojo antes que en lógica y en oportunistas antes que en leales. La lealtad y la honestidad en política son cualidades que establecen lazos sólidos que brindan garantía de sostenibilidad a cualquier proyecto político, económico o social a corto, mediano y largo plazo, porque la lealtad va en dos sentidos: De electores a candidatos, pero sobre todo de gobernantes a gobernados. Es lo complicado de la política: Confiar y ser confiable, porque aquellos que simulan ser leales abundan cuando todo va bien, pero escatiman cuando existen los problemas. Hoy en día la política requiere la convivencia de múltiples valores e intereses, donde a diario se ponen a prueba las lealtades, los juramentos de amistad y los compromisos de apoyo incansables.

Es verdad que todos podemos cambiar de opinión y sin duda de manera de pensar, pero los compromisos adquiridos son como los ciclos de vida que siempre deben ser cerrados o, de lo contrario, nos perseguirán por el resto de nuestra vida. El simulador, el traidor y el desleal destruyen. La deslealtad aniquila a quien la ejerce porque en el fondo no hay más que una forma de traición: La del ser humano contra sí mismo. En resumen, la lealtad es una forma de ser y de darse para con otras personas en la que entra en juego la transparencia, la honestidad y la integridad, por lo que, pensando en lo anterior, tiene razón el presidente López Obrador, lealtad a ciegas al proyecto de la Cuarta Transformación (4T).

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