Felicitar a un gobernante por hacer obras con dinero público, es como aplaudirle a un cajero automático porque te da dinero

Felicitar a un gobernante por hacer obras con dinero público, es como aplaudirle a un cajero automático porque te da dinero

Autor:
13/01/2021

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Por: Gilberto Jiménez Carrillo

El título del artículo es una frase pronunciada por Rodolfo Hernández Suárez, alcalde de una ciudad colombiana de nombre Bucaramanga. Este presidente municipal tiene la costumbre de no realizar inauguraciones de los múltiples proyectos entregados en su gestión, porque considera que dichos actos están relacionados con la politiquería. No se equivoca Don Rodolfo, pues efectivamente el dinero con el que realiza las obras no le pertenece a él, sino a la comunidad, a sus gobernados, a los que votaron por él. Don Rodolfo sabe y entiende que el cargo que tiene es para servir a la sociedad, entonces porque hacer tanto alboroto cuando inaugura una obra por muy grande o pequeña que sea esta, si finalmente es su obligación.

El gobernante que grita a los cuatro vientos que realizó una obra con dinero ajeno se está burlando del pueblo que lo eligió, pues con estos actos demagógicos lo único que busca es que la gente acarreada que va al evento, le aplauda. Si una persona mete su dinero a un banco, o en una institución de esta naturaleza le depositan su salario, esta persona para evitar filas acude a un cajero automático a retirar el dinero que se ganó trabajando. Acaso alguna vez se ha visto a alguien aplaudir porque el cajero le dio dinero…creo que nunca, entonces porque debemos felicitar a un gobernante porque realizó una obra con dinero que no sacó de su bolsa. ¿Se le debe aplaudir, felicitar o premiar a un servidor público o representante popular que cobra un salario producto de tus impuestos, como un estímulo, por ejercer bien la función pública que le está encomendada realizar? No tiene por qué ser así, puesto que es una obligación y un deber que tienen para trabajar a favor de los ciudadanos, para eso se les paga de los impuestos.

Cuando cualquier persona hace su trabajo no se le aplaude por hacer lo que le corresponde, se le aplaude o premia cuando da un valor agregado que va más allá de sus funciones. Quizá se deba premiar al trabajo excepcional independientemente si el salario es público o privado. Aunque generalmente las personas que hacen un trabajo excepcional son inmunes a la adulación. El premio para un servidor público es la satisfacción del deber cumplido. Independientemente de que se trate de un trabajo remunerado o de un cargo comunitario. En realidad, los políticos actualmente por medio de la publicidad engañosa nos quieren hacer creer que los supuestos logros llamasen obras, apoyos económicos, medicamentos, etc. fueron posibles gracias a su intervención. Cuando es su obligación, para eso devengan un sueldo, pagado con dinero de los contribuyentes. Se les paga muy bien para servir bien y encima todavía aplaudirles.

Existe una máxima que reza cuando alguien hace lo que debería de hacer: siervo inútil soy, pues lo que me correspondía hacer, eso he hecho. Son los artistas lo que viven del aplauso del público y no los políticos, como Vicente Fernández, que en sus presentaciones dice que mientras no dejen de aplaudir, “Chente” no deja de cantar.

Hoy en día, la enorme mayoría de los funcionarios público se compran sus propios premios, se premian solos y se piden aplausos, saben y se aprovechan de la idiosincrasia del súbdito. Estoy de acuerdo con Rodolfo Hernández Suárez, felicitar a un gobernante por hacer obras con dinero público, es como aplaudirle a un cajero automático porque te da dinero.

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