La Universidad tiene un rector con carácter

La Universidad tiene un rector con carácter

Autor:
17/01/2020

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Por: Gilberto Jiménez Carrillo

Los mayores éxitos se logran con fortaleza de carácter, porque hay que tener el suficiente valor para soportar y superar una gran cantidad de pruebas que se van presentando en diferentes momentos. Comúnmente, el carácter se divide en fuerte y débil. Un carácter fuerte se caracteriza por la capacidad de mantenerse firme en las decisiones a pesar de adversidades. Por el contrario, la persona considerada con un carácter débil es fácilmente dominada por el carácter de los demás.

El pasado mes de diciembre Rubén Solís Ríos cumplió su primer año al frente de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Con un estilo pausado, sin hacer aspavientos, sin falsas poses o protagonismos innecesarios, el maestro Solís Ríos ha logrado devolverle credibilidad y confianza a la máxima casa de estudios. De manera astuta y precavida fue posicionando su liderazgo el cual fue confirmado con una serie de decisiones valientes que se tomaron apenas cerrando el año.

Un puñado de manipuladores intentó desestabilizar el buen paso de la Universidad tomando durante varios días la rectoría exigiendo prestaciones absurdas como si estas fueran canonjías. Este hecho solo sirvió para demostrar que unos pocos quieren impedir la buena marcha de la institución. Ante esta situación la bizarra actitud del Rector se limitó a cumplir con su obligación en su labor de defender las normas fundamentales de convivencia que deben regir en una Universidad que aspira a convertirse en una institución de calidad nacional.

En su propósito por generar adhesión a un proyecto que comienza a dar frutos, el Rector de la Universidad Juárez del Estado de Durango no está solo. Hay más herederos de ese coraje que llevó a Rubén Solís a enfrentarse con los que querían una Universidad mediocre con funcionarios de la misma talla. Esos mismos que avalaron y propiciaron el desangre presupuestal con multimillonarios viáticos para todo el mundo con gastos de representación excesivos; los falsos procesos de acreditación, el favorecimiento con cargos y contratos a funcionarios o familiares de los mismos; perverso encuadramiento de la función académica; desconocimiento de los derechos sindicales; concursos docentes exprés para nombrar amigos sin calidades y requisitos académicos y otras tantas irregularidades que existían en la principal Alma Mater de los duranguenses, son los mismos que abusando de su cargo intentaron desestabilizar a la institución pegando con una mano y saludando con la otra.

La talla de la Universidad hace posible que en ella convivan una enorme variedad de ideologías acerca de qué debe ser la misma y cuál es su función para con la sociedad. Hay que dar cabida a todos estos grupos que componen a la universidad, pero sin interrumpir su desarrollo. La historia de siempre no debe repetirse de nuevo. El comportamiento de los tibios, el pasar de los cómodos, de esos que solamente quieren vivir bien, no tener preocupaciones ajenas y en cambio sí causarlas, ha quedado atrás. Queda un largo camino por delante, no son pocos, ni poco complejos, los desafíos que deberán enfrentarse, pero tan solo un año ha bastado para darnos cuenta que la UJED cuenta con un liderazgo robusto y muy firme. Los que no lo han entendido que preparen sus maletas y dejen de pensar en beneficios personales o de grupo, estos no encajan en el proyecto de un Rector que cuida y protege a la institución a la que pertenece.

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