“En el caso de Durango no se logró ese convenio”, explicó Ayala en entrevista. En su lugar, se impulsó un programa estatal con semilla habilitada, que si bien permitió cierta cobertura, no tuvo el impacto ni la calidad certificada que proponía PROSEBIEN.
Productores de semilla duranguenses quedaron fuera
Durante la conversación, Ayala respondió a críticas del productor Fermín Carreón, quien señaló que no se adquirió semilla a proveedores duranguenses, a pesar de haberse inscrito formalmente. Ayala aclaró que las Escuelas de Campo —encargadas de ejecutar parte del programa— eligieron un proveedor de Chihuahua, cuya oferta osciló entre 38 y 39 pesos por kilo, frente a los 45 pesos que proponían semilleros locales.
Para SADER, esa diferencia representaba la posibilidad de cubrir una superficie mayor con el presupuesto disponible. Ayala insistió en que no hubo exclusión política, sino una decisión técnica basada en costo-beneficio.
SADER descarta riesgos sanitarios
También respondió a cuestionamientos sobre la calidad sanitaria de la semilla traída de otros estados, descartando cualquier riesgo. Aseguró que el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) supervisó el proceso, revisó etiquetas, tomó muestras y envió al laboratorio para asegurar que se trataba de semilla 100 % certificada y libre de patógenos.
“Si desconfían del SNIC, estarían dudando de su propio proceso, porque todos —sin importar quién— deben pasar por las mismas revisiones para poder etiquetar semilla certificada”, afirmó.
Sin convenio, sin meta cumplida
Ayala admitió que la meta nacional no se cumplió en Durango debido a la falta de firma del convenio entre Federación y Estado. Aunque el acuerdo estaba planteado, las condiciones no se concretaron, y —según el funcionario— la responsabilidad de explicar las razones recae en otras instancias.
A pesar de ello, destacó que muchos productores accedieron a semilla habilitada y se espera una buena producción este año, aunque con una cobertura menor a la proyectada inicialmente por PROSEBIEN.
Por: Antonio Gaytán




