El campo de Durango sigue produciendo como hace 90 años, advierte Evenor Cuéllar
09/05/2026 - Hace 1 mes en Durango EstadoEl campo de Durango sigue produciendo como hace 90 años, advierte Evenor Cuéllar
El principal problema del campo duranguense ya no es únicamente la sequía, sino seguir produciendo bajo esquemas que prácticamente no han cambiado en 90 años. Esa fue la advertencia central del ex investigador del INIFAP, Evenor Cuéllar, durante el programa Aquí hay Campo, donde planteó la necesidad urgente de reconvertir la agricultura y aprovechar mejor el agua disponible.
“El problema no es solamente la falta de lluvia; el problema es seguir haciendo lo mismo”, resumió.
A través de una exposición técnica apoyada con imágenes de distintas regiones del estado y del norte del país, Cuéllar sostuvo que gran parte de los productores continúan utilizando prácticas que ya no responden a las condiciones actuales de clima, suelo y disponibilidad hídrica.
Uno de los principales señalamientos estuvo dirigido al manejo del suelo. Mostró casos de barbechos realizados en el sentido de la pendiente, lo que favorece la erosión y acelera la pérdida de humedad. También expuso terrenos con escasa profundidad y presencia de piedra caliza, donde históricamente se insiste en establecer cultivos de temporal pese a su baja capacidad de retención de agua.
Cuéllar cuestionó además el uso de maquinaria pesada en tierras con bajo potencial productivo, donde el gasto de combustible y energía supera los beneficios reales de producción.
Parte de su exposición se centró en la necesidad de cambiar la lógica tradicional del temporal. Planteó que el futuro del campo en muchas regiones de Durango dependerá de la capacidad de captar agua, almacenarla y utilizarla de manera eficiente.
En este sentido, propuso aprovechar escurrimientos naturales mediante bordos, presones y conducción por tubería para transformar áreas erosionadas o de baja productividad en superficies con potencial para cultivos forrajeros y sistemas más rentables.
Como ejemplo, mostró imágenes de zonas agrícolas abandonadas en el Distrito de Riego Don Martín, en Nuevo León, donde productores dejaron de depender de cultivos tradicionales y migraron hacia la producción de forraje, principalmente zacate Bermuda Gigante NK 37.
También presentó experiencias observadas en Durango con pastos como Buffel y Rhodes, especies adaptadas a condiciones de sequía y capaces de aprovechar mejor la humedad disponible.
En el caso específico de Rodeo, mostró imágenes tomadas durante años de fuerte sequía donde, pese a las condiciones extremas, algunos pastos mantenían capacidad de recuperación gracias al aprovechamiento natural de humedad en el suelo.
Uno de los puntos más relevantes de la exposición fue la comparación entre probabilidades de éxito productivo según el cultivo y la disponibilidad de agua.
De acuerdo con los datos presentados, el maíz requiere más de 450 milímetros de precipitación y tendría apenas un 58 por ciento de probabilidad de éxito en ciertas condiciones de temporal. El frijol alcanzaría alrededor de 66 por ciento, mientras que cultivos como avena, cebada y diversos pastos elevan considerablemente las posibilidades de éxito productivo, superando incluso el 90 por ciento en algunos casos.
Para Cuéllar, esta diferencia obliga a replantear qué se está sembrando y dónde se está sembrando.
Otro aspecto destacado fue el llamado a utilizar variedades más eficientes y resistentes al estrés hídrico. Mencionó materiales como Alondra en trigo de temporal, además de variedades desarrolladas para enfrentar condiciones de baja humedad y ciclos irregulares de lluvia.
Para Cuéllar, el problema no es que Durango no tenga agua, sino que gran parte termina perdiéndose por escurrimiento, erosión y falta de infraestructura para captarla y aprovecharla.
Por ello defendió la tecnificación del riego, el uso de sistemas de conducción y la reconversión productiva como alternativas para aumentar productividad sin depender totalmente de las lluvias.
La exposición coincidió además con el pronóstico climático presentado previamente en el programa, donde se anticipa un 2026 con lluvias irregulares y posibles déficits en meses críticos para la agricultura.
Ante este panorama, Cuéllar insistió en prácticas como el pileteo, la conservación de humedad, la preparación anticipada de tierras y la selección adecuada de cultivos como herramientas fundamentales para enfrentar ciclos más variables.
El mensaje final fue directo: el campo de Durango ya no puede depender únicamente del temporal ni seguir sembrando bajo las mismas condiciones de hace décadas. Para Cuéllar, el futuro estará en captar agua, tecnificar y cambiar la forma de producir antes de que los ciclos climáticos terminen por rebasar al productor.
“¿Vas a seguir haciendo lo mismo otros 90 años?”, cuestionó al cierre de su exposición.




