La activista Priscila Raigosa García, integrante del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), advirtió que la hipersexualización de niñas, niños y adolescentes constituye una forma grave de violencia, ejercida incluso desde los hogares y normalizada por padres de familia.
Su opinión surge en el contexto de la iniciativa legislativa que busca sancionar la hipersexualización infantil en Durango, y que, es probable, derivo en el caso de Nicole, la adolescente que perdió la vida luego de someterse a dos cirugías estéticas impulsadas por presiones sociales y familiares.
Una mirada desde el patriarcado
Priscila señaló que estas prácticas derivan de una visión patriarcal sobre el cuerpo femenino, que reduce a las niñas y adolescentes a estereotipos estéticos inalcanzables. “Se les impone la idea de que sus cuerpos deben cumplir con ciertos estándares de belleza, lo que perpetúa violencias y pone en riesgo su salud y su vida”, expresó.
La activista subrayó que la hipersexualización no sólo ocurre en medios de comunicación o redes sociales, sino también en las propias familias, cuando se alienta o se tolera que niñas y adolescentes adopten roles, conductas y modificaciones físicas que no corresponden a su edad.
Educación sexual integral como prevención
Raigosa insistió en que la educación sexual integral es clave para combatir este fenómeno, pues permite a niñas, niños y adolescentes comprender sus derechos, aceptar sus cuerpos y reconocer los riesgos de una cultura que prioriza la apariencia sobre la salud y el bienestar.
“Hablar de sexualidad con responsabilidad implica dejar de estigmatizar la diversidad de cuerpos y dejar de reforzar la idea de que hay modelos únicos de belleza. La hipersexualización es un reflejo del sistema patriarcal y debe ser atendida como un problema grave de derechos humanos”, puntualizó.
Por: Antonio Gaytán




