Los hermanos Sierra conservan un legado que da vida al chile criollo de Durango
17/07/2026 - Hace 1 hora en Durango EstadoLos hermanos Sierra conservan un legado que da vida al chile criollo de Durango
Mientras buena parte de la agricultura moderna depende de semillas comerciales, en una parcela de San Pedro de Alcántara los hermanos Antonio y Eduardo Sierra siguen confiando en un método heredado de su padre: recorrer los surcos para identificar una por una las plantas más sanas, vigorosas y productivas. De ellas obtendrán la semilla que dará origen a la siguiente cosecha, una práctica que durante décadas ha permitido conservar la calidad del chile criollo que distingue a esta región de Durango.
La historia de esta familia no comenzó con la cosecha de este año ni con los buenos precios del chile. Comenzó hace más de cinco décadas, cuando don Antonio Sierra enseñó a sus hijos que el éxito de una cosecha no depende únicamente de la lluvia o de los fertilizantes, sino de conocer la tierra, observar cada planta y elegir cuidadosamente la semilla que volverá a sembrarse. Hoy, ese conocimiento continúa pasando de una generación a otra.
Durante una visita del programa Aquí Hay Campo, el investigador agrícola Evenor Cuéllar destacó que el trabajo de los hermanos Sierra representa una práctica poco común entre los productores actuales. Mientras muchos agricultores seleccionan la semilla una vez cosechado el chile, ellos realizan una selección individual de plantas y frutos directamente en el campo, preservando las características propias de cada variedad criolla.
“Ellos no seleccionan la semilla en el fruto seco del montón; hacen una selección por planta y por fruto”, explicó Cuéllar, quien consideró que ese proceso permite conservar materiales de gran valor para la agricultura regional.
Una tradición que se cultiva generación tras generación
Eduardo Sierra recuerda que comenzó a trabajar de lleno en la agricultura hace poco más de 20 años, aunque prácticamente toda su vida ha estado ligada al campo. Su hermano Antonio suma cerca de cinco décadas de experiencia, tiempo suficiente para conocer las temporadas de abundancia, las sequías, los cambios del mercado y las exigencias de un cultivo que requiere atención permanente.
“Mucha gente nos pregunta por qué trabajamos un poquito mejor que ellos; es porque así nos enseñaron”, afirma Antonio Sierra, convencido de que el conocimiento heredado por su padre sigue siendo la mayor fortaleza de la familia.
Además del chile, los hermanos Sierra siembran frijol, maíz, avena y trigo. Diversificar los cultivos les ha permitido reducir riesgos y mantener activa la producción agrícola durante todo el año, una estrategia que consideran indispensable para enfrentar la incertidumbre del campo.
El valor de conservar las semillas criollas
En muchas regiones agrícolas, las variedades criollas han ido cediendo terreno frente a semillas híbridas o comerciales. Sin embargo, algunos productores continúan conservando materiales adaptados durante décadas a las condiciones de clima y suelo de cada región, preservando características que representan un patrimonio agrícola construido por generaciones.
En las parcelas de los hermanos Sierra conviven variedades como chile ancho, puya, de árbol, cora y tiritalino. Para conservarlas, recorren el cultivo durante el desarrollo de las plantas, identifican aquellas libres de plagas y con mejores características, las marcan y únicamente de esos frutos extraen la semilla para el siguiente ciclo agrícola.
Evenor Cuéllar explicó que este tipo de selección permite mantener la identidad genética de cada variedad. Incluso recomendó establecer barreras naturales entre cultivos para reducir la polinización cruzada y preservar aún más la pureza de las semillas que produce la familia.
La calidad abre las puertas del mercado
El resultado de ese trabajo comienza a notarse antes de la cosecha.
Antonio Sierra relata que compradores de Durango y Villa Unión acuden directamente hasta sus parcelas porque conocen la calidad de su producción y cada temporada apartan desde pequeñas cantidades hasta cargamentos completos.
“Ya vienen especialmente con nosotros… no batallamos para vender porque está en muy buenas condiciones”, comenta el agricultor, convencido de que la calidad termina convirtiéndose en la mejor carta de presentación.
El campo también genera empleo
La producción de chile requiere mucho más que sembrar y cosechar.
Durante la plantación, el deshierbe y la recolección del chile fresco y seco, los hermanos Sierra contratan entre diez y doce jornaleros, generando empleo temporal para familias de la comunidad de San Pedro de Alcántara.
Al mismo tiempo, una nueva generación comienza a incorporarse al trabajo agrícola. Erick Sierra participa ya en las labores del campo, dando continuidad a un conocimiento que ha pasado de padres a hijos durante décadas y que la familia busca preservar.
Sin subsidios, pero con la misma convicción
Pese a la experiencia acumulada y al reconocimiento que han ganado por la calidad de sus cultivos, los hermanos Sierra aseguran que nunca han recibido apoyos gubernamentales para producir.
Cada ciclo agrícola se financia con los recursos obtenidos de las cosechas anteriores, por lo que cada decisión, desde la selección de la semilla hasta el manejo del cultivo, representa una apuesta por el trabajo familiar.
“Todo lo hacemos al costo… gracias a Dios”, resume Antonio Sierra al explicar que el esfuerzo cotidiano ha sido el principal respaldo para mantener viva la actividad agrícola.
Un legado que sigue sembrándose
En un campo donde cambian los precios, el clima y los desafíos para producir, los hermanos Sierra mantienen intacta una enseñanza que recibieron de su padre: una buena cosecha comienza mucho antes de sembrar.
Empieza al elegir la mejor planta, al conservar la mejor semilla y al transmitir ese conocimiento a la siguiente generación.
Más que producir chile, esta familia de Vicente Guerrero preserva un legado agrícola construido con paciencia, experiencia y trabajo, demostrando que algunas de las mejores cosechas nacen de tradiciones que se niegan a desaparecer.




