En medio de un panorama incierto, sin apoyos gubernamentales y con la tierra todavía seca, los campesinos del Valle de Poanas han comenzado la siembra de frijol, maíz y sorgo con una sola esperanza: que llueva. Así lo relató Marcelo Hernández Antuna, presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Durango (CIAD), durante un recorrido con el periodista Antonio Gaytán para el programa Aquí hay Campo de Canal 15.
Desde su parcela en el predio conocido como La Soledad, en San José de Tuitán, Hernández Antuna explicó que este año sembrar es prácticamente un acto de fe. “Estamos sembrando en seco, esperando que llueva. Hay pronósticos, pero cuando dicen que va a llover en Durango, falta que digan dónde”, señaló con ironía.
Siembra sin agua, sin apoyos
El ciclo agrícola 2025 ha sido especialmente complicado. No solo han fallado las lluvias, también los apoyos institucionales. Marcelo Hernández Antuna confirma que ni el gobierno estatal ni el federal entregaron semilla o insumos en la región. “Se había programado una entrega en Amado Nervo, pero llovió ese día, se suspendió y ya no regresaron. Era poco, para tres hectáreas, pero hubiera ayudado”.
Ante esa situación, los productores han tenido que comprar semilla por su cuenta o intercambiar con vecinos. Algunos pagan hasta 25 pesos por kilo de frijol sin seleccionar ni limpiar. “Se esperanzaron al apoyo del gobierno, pero no llegó”, lamentó.
Adaptación y conocimiento
Pese a la falta de recursos, el ingeniero agrónomo muestra cómo ha modificado su maquinaria para adaptarse al terreno pedregoso del Valle de Poanas. Explica que los suelos de temporal son tan delgados y difíciles que requieren sembradoras especiales, con timones móviles que no se traben con el caliche. La maquinaria fue adaptada por él mismo, en talleres locales.
“No barbechamos desde hace ocho años. No tiene caso meter un arado aquí. Se desgasta el suelo y se descompone el tractor. Hay que trabajar con lo que hay, pero con técnica”, explicó.
Además del frijol pinto Saltillo —el más sembrado en la región— algunos productores han optado por avena o sorgo ante la escasez de forraje para el ganado. “Mi primo sembró avena turquesa. La gente está buscando alimentar a los animales como sea. Todo lo que antes era frijol, ahora en parte es sorgo”.
En las zonas con acceso a riego, se están sembrando maíces híbridos para grano y forraje, lo cual contrasta con las condiciones de quienes dependen del temporal.
A pesar de todo, hay solidaridad
Uno de los aspectos más humanos del testimonio es el apoyo mutuo entre campesinos. Hernández Antuna ha prestado su maquinaria y semilla a otros productores que no tienen cómo trabajar. “He ayudado a cuatro compañeros. Algunos no han sembrado porque no tienen tractor ni dinero para barbechar. Les echo la mano aunque me atrase”.
Además de las dificultades climáticas y económicas, persisten conflictos por el ganado que entra a las parcelas. “Rompen alambres, se meten. Hay que ir a reclamar, a veces hasta con las autoridades. Es otra lucha”.
Por si fuera poco, aún hay muchas tierras sin sembrar. El barbecho cuesta entre 1,800 y 2,000 pesos por hectárea, un gasto que muchos pequeños productores no pueden cubrir. “El año pasado, una tierra como esta, si dio dos toneladas fue mucho. Y aún así se le invierte, con todo el riesgo”.
Tiempo límite para el frijol
Aunque lo ideal es sembrar en julio o en la primera semana de agosto, algunos campesinos llegan hasta el 15 de agosto con la esperanza de alcanzar a cosechar. “Después de eso, el riesgo es muy alto. Pero muchos seguimos sembrando, porque si no llueve, de todos modos no hay nada. Sembrar es nuestra única opción”.
El testimonio de Marcelo Hernández Antuna resume lo que viven miles de productores en el Valle de Poanas, que abarca municipios como Poanas, Vicente Guerrero, Nombre de Dios y parte de Súchil: incertidumbre, abandono institucional, tierra difícil y maquinaria adaptada. Pero también, esperanza. Esperanza en que la lluvia llegue. Esperanza en que la tierra responda. Y sobre todo, esperanza de que el trabajo en el campo no sea en vano.
“Así estamos, mi Tony”, concluyó. “Estas son las circunstancias que tenemos. Esperamos que este sea un muy buen año”.
Por: Antonio Gaytán




