Zona de Debate

Análisis de Altura

09/02/2026 - Hace 4 meses en Durango Estado

Análisis de Altura

Zona de Debate | 09/02/2026 - Hace 4 meses
Análisis de Altura

Por: Eduardo Ortega

Institutos Políticos… cambio de nombre, no de intereses

En el próximo proceso electoral de 2027, junto a los partidos tradicionales MORENA, PAN, PVEM, MC, PRI y PT, podrían incorporarse al menos cuatro nuevas organizaciones que están por cumplir los requisitos del INE para convertirse en partidos políticos. Todas se presentan como alternativas frescas, distintas, hartas de lo mismo y, por supuesto, profundamente comprometidas con el pueblo. En su discurso abundan las “palabras mágicas”: democracia, cambio, transformación, unidad, bienestar, progreso, justicia social, renovación y futuro.

La realidad es menos romántica. Con honrosas excepciones, los políticos son los mismos, sólo cambian de siglas. Militan en partidos distintos, pero comen en la misma mesa. Los debates ideológicos reales hoy sólo sobreviven entre militantes de base y simpatizantes que todavía creen en diferencias doctrinarias, sin advertir que lo que realmente está en disputa no es un proyecto de nación, sino el control del presupuesto y del poder.

Desde hace tiempo, los partidos dejaron de ser instrumentos de representación social para convertirse en empresas políticas altamente rentables. No es una metáfora. Operan como un modelo de negocio con ingresos garantizados, bajo riesgo y amplios márgenes de ganancia. Ganan o pierdan elecciones, reciben miles de millones de pesos cada año. Basta con mantener el registro. No importa si carecen de militancia real, si arrastran escándalos de corrupción o si son abiertamente repudiados por la ciudadanía.

Las candidaturas no se asignan por méritos, sino por lealtades internas, capacidad de financiamiento, control de estructuras y negociación de cuotas entre grupos. Son activos que se recuperan con cargos, contratos, influencia y protección política. Por eso el dinero fluye sin pudor bajo la mesa y por eso tantos gobernantes, empresarios y grupos de poder fáctico apuestan a las campañas. No es convicción, es inversión. No es ideología, es rentabilidad.

En ese contexto, la reforma político electoral anunciada por la presidenta Claudia Sheinbaum puede encontrar una amplia aceptación ciudadana. Reducir el financiamiento a partidos y elecciones, así como replantear el modelo de representación plurinominal, toca fibras sensibles de un hartazgo social acumulado. Hoy, muchos de esos espacios se reparten por decisiones cupulares de la oligarquía partidista, no por mérito ni por representación real. Aunque estos cambios deben hacerse con cuidado para no generar nuevos desequilibrios, el ánimo ciudadano los celebra, cansado de mantener estructuras que ya no representan a nadie.

Es bajo este escenario que emergen las nuevas fuerzas políticas. Construyendo Sociedades de Paz es, en los hechos, la tercera reencarnación del Partido Encuentro Social. Vinculado históricamente a grupos de la Iglesia Evangélica, hoy reaparece con una estrategia burda, utilizando siglas que coinciden con las de la presidenta para alimentar, tras bambalinas, la narrativa falsa de que se trata de un instituto auspiciado desde el poder. Nada más lejos de la realidad, pero suficiente para intentar confundir.

Que Siga la Democracia, considerada durante años satélite de MORENA, busca ahora convertirse en partido. Surgió para impulsar la revocación de mandato de López Obrador y hoy intenta llevarse militantes y simpatizantes de la Cuarta Transformación, en abierta contradicción con el llamado de unidad de la propia presidenta. Su base está integrada, en buena medida, por cuadros desplazados o marginados por el partido en el poder.

México Tiene Vida es una organización de corte provida, con un discurso centrado en la familia y la libertad. Representa a la ultraderecha que durante años se mantuvo agazapada y que hoy busca espacio propio. Niega afinidad con el PAN, aunque comparte buena parte de su ADN ideológico. Ya opera como partido local en Nuevo León, su principal bastión.

Somos México, por su parte, es la reorganización de la oposición tradicional a la Cuarta Transformación. Proviene de la Marea Rosa y de las movilizaciones del “INE no se toca”. Sus dirigentes y referentes públicos no representan renovación alguna, sino el reciclaje de los mismos actores bajo una nueva marca.

Al final, estos nuevos partidos no representan a la ciudadanía. Se representan a sí mismos. No buscan transformar la política, sino participar del negocio. La buena noticia es que no nos cuestan más: la bolsa es la misma y simplemente se reparte entre más manos. Por eso el enojo de los partidos tradicionales, no por principios, sino por competencia. Como dice el dicho, entre menos burros, más olotes. Y hoy, en la política mexicana, sobran burros y faltan ciudadanos dispuestos a dejar de creerles.

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