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Análisis de altura: Alito pide perdón, el PRI paga las consecuencias.

30/03/2026 - Hace 2 meses en Durango Estado

Análisis de altura: Alito pide perdón, el PRI paga las consecuencias.

Zona de Debate | 30/03/2026 - Hace 2 meses
Análisis de altura: Alito pide perdón, el PRI paga las consecuencias.

El intento de reconciliación encabezado por el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, no sólo llegó a destiempo, fue mal planteado y, al final, sólo logró exhibir, el nivel de crisis en el que se encuentra el Partido Revolucionario Institucional. Desde el Senado de la República, Alito pidió “perdón” a ex militantes del PRI y los llamó a regresar al partido, como si el problema hubiera sido un simple malentendido, como si la ruptura se pudiera resolver con una narrativa de unidad que, en el fondo, suena más a cinismo que a autocrítica. La salida de los expriistas no ocurrió por errores menores ni por diferencias momentáneas, ocurrió por un desgaste profundo que terminó por convertir al PRI en sinónimo de desconfianza, simulación y corrupción, tanto para militantes del tricolor como para amplios sectores de la sociedad. Además, no se puede olvidar que priistas legendarios acusan a Alito de haber secuestrado al partido y de generar una profunda debacle.

Lejos de motivar reconciliación o apertura, el mensaje provocó rechazo. Diversos expriistas no sólo desestimaron el llamado, lo calificaron como hipócrita y reiteraron que, antes de hablar de reconciliación, tendría que darse un paso que hoy parece imposible, la renuncia de la actual dirigencia. Ahí están las posturas, Aurelio Nuño dejó claro que nadie cree en ese discurso de unidad, Francisco Labastida fue más directo al señalar que, si realmente se quiere salvar al partido, lo primero que tendría que ocurrir es la salida de Alejandro Moreno, mientras que Jorge Carlos Ramírez Marín sostuvo que su decisión de abandonar el PRI fue correcta y que el tiempo le ha dado la razón, y Dulce María Sauri ha insistido en cuestionar el rumbo completo que ha tomado el partido en los últimos años. No son casos aislados, más de 260 priistas, entre exgobernadores y exdirigentes, han firmado posicionamientos en contra de la continuidad de Moreno, lo que deja claro que el conflicto no es menor.

El problema de fondo es que el “perdón” evade lo esencial. No hay una autocrítica real, no hay reconocimiento del papel que ha jugado la dirigencia en la pérdida de identidad, de rumbo y de presencia electoral del PRI. Por el contrario, el discurso intenta colocar los errores como si hubieran ocurrido por inercia, como si fueran producto de circunstancias externas y no de decisiones concretas. Habla de humildad cuando su conducción ha sido señalada por lo contrario, una dirigencia cerrada, que ha desplazado voces críticas y que ha privilegiado la permanencia sobre la reconstrucción.

En ese mismo tono, Alito Moreno aseguró que cualquier expriista tendrá las puertas abiertas para regresar, siempre que lo haga sin “regateos” y con la convicción de defender a México, una condición que, en los hechos, implica alinearse a su proyecto personal. Pero el giro más revelador no está sólo en el llamado a los que se fueron, sino en la apertura hacia quienes nunca han estado. La dirigencia ha planteado la posibilidad de postular candidatos ciudadanos, perfiles sin militancia, bajo criterios como prestigio, reconocimiento y disposición para participar rumbo a 2027. La intención es evidente, intentar reconstruir competitividad a partir de figuras externas; busca recuperar afuera la credibilidad que se perdió adentro. El problema es que esa estrategia no refleja fortaleza, refleja vacío, un ensimismamiento de Alito y los suyos. Un partido que necesita buscar afuera lo que ya no tiene dentro no está ampliando su base, está reconociendo que la perdió. Por eso, el discurso no se traduce en liderazgo, se percibe como un acto de desesperación política, un intento por sostener una estructura que se ha ido debilitando con el tiempo.

Hoy el PRI no habla desde la posición de quien compite con fuerza propia, sino desde la necesidad de sobrevivir a partir de alianzas y de factores externos. Su margen de acción es limitado, su capacidad de convocatoria es menor y su narrativa ya no logra conectar con la ciudadanía. Pedir disculpas sin plantear cambios de fondo no es corregir el rumbo, es intentar que todo siga igual bajo otro tono, es apostar por un “borrón y cuenta nueva” que difícilmente será aceptado. El PRI no está en crisis por falta de discurso, está en crisis por el exceso de simulación que durante años erosionó su credibilidad, y su dirigencia, lejos de corregir, se ha convertido en el rostro de ese desgaste; hoy el problema ya no es quién se fue, sino que nadie quiere regresar, y peor aún, que cada vez son más los que entienden por qué, porque los priistas de a de veras sí saben lo que está pasando y lo que tendría que hacerse, mientras que Alito y sus esbirros fingen demencia.

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