Análisis de altura: Durango, donde la alianza no muere, se transforma
23/02/2026 - Hace 3 meses en Durango EstadoAnálisis de altura: Durango, donde la alianza no muere, se transforma
Pese a que algunas personas aseguran que afirmar que la alianza PRI/PAN en Durango ha funcionado es tan solo una lisonja, hacerlo es negar lo evidente. Conviene precisar el término: la lisonja es el halago interesado, el elogio vacío que busca agradar. Aquí no hay tal. Lo que existen son resultados. Desde la naturaleza constitutiva de estos partidos, ganar elecciones para acceder al poder, la alianza ha cumplido su propósito. Los resultados de los últimos procesos electorales lo confirman. Han obtenido legisladores, alcaldes y la gubernatura. Fue además un dique de contención frente al segundo tsunami de MORENA en 2024, incluso más poderoso que el primero. No es lisonja, es aritmética electoral.
“Lo que funciona no se cambia”, por lo que puede considerarse que la alianza en Durango no tendría problema para mantenerse en el proceso electoral de 2028. Sin embargo, antes está el 2027, cuando se elegirán 500 diputados federales, jueces y magistrados del Poder Judicial, más de 2,000 presidencias municipales y gobernadores en 17 estados. Son dos elecciones distintas, con lógica y consecuencias diferentes. Incluso en Coahuila, única entidad con elección en 2026, donde se renovarán 25 legisladores locales, la alianza no fue posible y ya inició la hostilidad entre ambos partidos.
El contexto nacional no favorece las coaliciones. Jorge Romero Herrera, presidente nacional del PAN, ha sido enfático en rechazar alianzas con el PRI, buscando relanzar a su partido y regresar a sus orígenes. En 2027 el PAN arriesga tres gubernaturas, Aguascalientes, Chihuahua y Querétaro, por lo que no tendría incentivo para compartir triunfos donde gobierna ni reeditar alianzas donde fueron derrotados. La respuesta de Alejandro Moreno ha sido igualmente confrontativa, afirmando que el PRI competirá solo. Bajo esta lógica, conservar una alianza formal en 2027 luce improbable.
Sin embargo, Durango es distinto. Aquí la alianza dejó de ser únicamente electoral y se convirtió en una alianza de gobierno. Esteban Villegas fue candidato del PAN y siglado por el albiazul, y los priistas han adoptado a Toño Ochoa como su candidato ganador en la capital en dos ocasiones. El éxito de esta alianza no ha sido gracias a las dirigencias nacionales, sino a pesar de ellas. Esta realidad local obliga a una lectura distinta. Ni el PRI ni el PAN pueden romper en 2027 sin poner en riesgo el objetivo central, el 2028, donde estará en juego la continuidad del proyecto político estatal.
Por ello, el escenario más viable no es la alianza formal, sino la alianza de facto. Es decir, una coordinación estratégica sin registro legal, donde cada partido compita con sus propias siglas, pero cuidando no dividir el voto competitivo. Esto implica postular dos candidaturas fuertes por partido, con verdadera viabilidad electoral, y dos candidaturas testimoniales que no comprometan el resultado. No es una coalición jurídica, es una convergencia política orientada a ganar sin exponerse a las restricciones nacionales.
En el PRI, bastaría replicar las menciones del propio gobernador, Aly Gamboa, Dany Soto y Gaby Hernández. Son perfiles con trayectoria, posicionamiento y estructura política. No requieren presentación ni validación adicional. En el PAN, surge con claridad Alejandro Mojica, coordinador de diputados albiazules y expresidente de la JUGOCOPO, quien ha demostrado capacidad de conducción, operación política y liderazgo interno, consolidándose como uno de los perfiles más sólidos del panismo local. A su lado, Gaby Vásquez Chacón, presidenta de la mesa directiva del Congreso, ha construido presencia institucional y viabilidad política real, confirmándose como un perfil competitivo.
A la par, habrá que esperar la posible reforma político electoral anunciada por Claudia Sheinbaum en materia de plurinominales. Hasta ahora es solo un anuncio, no una iniciativa presentada. Pero de concretarse un modelo que privilegie a los mejores segundos lugares, obligaría a que esas posiciones respondan a competitividad real y no a cuotas de grupo. Hoy, el modelo vigente ha permitido la llegada de perfiles sin respaldo ni peso político. Basta observar a los actuales plurinominales de Durango, que han pasado con más pena que gloria, sin agenda ni impacto legislativo. A los cuales ponen a no hacer nada y lo hacen mal.
El 2027 y el 2028 no son la misma elección, pero están inevitablemente conectados. La ruptura formal puede ser inevitable, pero la convergencia real seguirá existiendo. Porque más allá de los discursos nacionales, en Durango la política no se define por lo que se firma, sino por lo que se opera.




