Análisis de altura… Morena, de la revolución simbólica a los vicios del poder
28/07/2025 - Hace 10 meses en Durango EstadoAnálisis de altura… Morena, de la revolución simbólica a los vicios del poder
Por: Eduardo Ortega Solano
El surgimiento de Morenacomo movimiento político y social ocurrió el 2 de octubre de 2011, en el 43 aniversario de la matanza de Tlatelolco. No fue casualidad. Andrés Manuel López Obrador, proclive a los símbolos, al entorno histórico y a las fechas, eligió ese día para fundar un movimiento que luego se convertiría en un partido prácticamente hegemónico. Después, el 20 de noviembre de 2012, aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, Morena se constituyó como asociación civil. Finalmente, el 9 de julio de 2014 obtuvo su registro como partido político nacional.
Sin embargo, la fecha más simbólica es el 12 de diciembre de 2017, día de la Virgen de Guadalupe. Ese día, López Obrador se registró como candidato presidencial de Morena, aunque no ante las autoridades electorales, y dio inicio formal a su tercera campaña. No es difícil adivinar que el nombre del partido y esa fecha están cargados de intenciones simbólicas, sobre todo porque fue esa candidatura la que finalmente lo llevó al triunfo y a Palacio Nacional. Hay que considerar que AMLO transmite una personalidad ascética; basta recordar su publicación en Twitter (ahora X): “la vida no solo es lo racional”, sino “también lo místico”.
El misticismo, junto con la austeridad, la preferencia por los pobres y los valores de la #CuartaTransformación, “no mentir, no robar, no traicionar al pueblo”, son repetidos y asumidos como un mantra, aunque muchas veces de forma falsaria por miles de morenistas. No tengo duda de que López Obrador ganó desde 2006, aunque por margen mínimo. Entonces, las estructuras del partido oficial, el PAN, y su aliado de facto, el PRI, inclinaron la balanza y le escamotearon el triunfo. Sin embargo, en ese proceso existía un AMLO más ortodoxo, que ni siquiera consideró la alianza propuesta por Patricia Mercado, del extinto Partido Socialdemócrata, quien obtuvo 1,128,850 votos. Aunque los sufragios no se trasladan en automático, las posibilidades de reconocimiento del triunfo hubieran sido mucho mayores.
En 2012, AMLO no se encontraba en su mejor momento. El candidato del “Movimiento Progresista” tenía marcadas diferencias con los líderes de los partidos aliados, principalmente Jesús Zambrano, del PRD, y Luis Walton, de Movimiento Ciudadano. Además, estaba más enfocado en la formación de Morena. Tampoco puede desestimarse la fuerza de la propuesta PRI-Verde: Enrique Peña Nieto, un candidato carismático al que le inventaron una historia rosa, convirtiéndolo en estrella del canal de las estrellas. La campaña del PRI fue eficaz, evocando sus años de grandeza. No hubo fraude como tal, pero sí una gran inequidad.
Propongo despejar la falaz afirmación que atribuye el triunfo de Claudia Sheinbaum exclusivamente a los programas sociales, vistos solo como dádivas. Reconozco su influencia como muestra de un gobierno humanista con compromiso social. Pero con esa premisa sería imposible explicar el tsunami de Morena que llevó a AMLO a Palacio Nacional con el 53% de la votación, un triunfo contundente sin programas sociales. El triunfo de AMLO no se dio por hartazgo, como sucedió con Vicente Fox, aunque influyó la decepción con los gobiernos del PAN y del nuevo PRI. Lo fundamental fue la esperanza de una vida mejor y la certeza de su honestidad, que infundía López Obrador.
En 2018, López Obrador dejó de ser tan purista y se volvió más pragmático. No digo que se corrompiera, pero sí que admitió en sus huestes a personajes de dulce, de chile y de manteca. Impresentables que no solo llegaron al Senado con las siglas de Morena, sino que fueron invitados por él, como Lily Téllez o Germán Martínez. Abrió la puerta y entraron muchos considerados “non gratos”. Algunos colaboradores cercanos se pasaron por el arco del triunfo la austeridad republicana, como lo demostraron con bodas de gran ostentación, como las de César Yáñez o Santiago Nieto. Y qué decir de casos de corrupción que, si bien no fueron auspiciados por los primeros mandatarios como antes, mantienen un dejo de impunidad.
Morena, como partido, enfrenta grandes retos. La corrupción puede existir en cualquier organización, pero lo que los distingue es cómo hacen las cribas, si castigan o toleran a sus corruptos. ¿Qué harán con la corrupción, los excesos, el nepotismo y otras prácticas nocivas? El PRI perdió el poder porque se corrompió y perdió el sentido social. ¿Podrá Morena extirpar esos focos de corrupción que pululan en sus filas o harán metástasis?




