Análisis de altura… Relanzar sin renovar… la paradoja panista
20/10/2025 - Hace 8 meses en Durango EstadoAnálisis de altura… Relanzar sin renovar… la paradoja panista
Por: Eduardo Ortega Solano
El pasado sábado 18 de octubre, el Partido Acción Nacional (PAN) realizó, dentro del Frontón México, su evento de relanzamiento. No debe considerarse una refundación, pues solo hablaron del retorno a sus principios y doctrinas básicas. El lugar es icónico: ahí, en 1939, hace 86 años, se fundó el partido bajo el liderazgo de Manuel Gómez Morin, junto con Efraín González Luna y Rafael Preciado Hernández. Su nacimiento fue una respuesta al rumbo político y económico que tomaba México bajo Lázaro Cárdenas. Desaprobaban el autoritarismo del partido único, el PRM, antecedente del PRI, y defendían la democracia representativa, la libertad política y la propiedad privada. Inspirados en la doctrina social cristiana, pedían un Estado que reconociera el papel moral de la religión, sin caer en el clericalismo. Su lema lo resumía: “Por una patria ordenada y generosa.”
Sin embargo, el sábado pasado se olvidaron de esos principios. A diferencia del PRI, el PAN siempre se definió como un partido de “cuadros, no de masas”. Ahora, su política de afiliación es opuesta: cualquiera podrá inscribirse en línea y quedar registrado. Así se abre la puerta a rechazados, oportunistas o infiltrados de otros partidos, un amasijo de procedencias políticas que diluye la identidad panista. Es injusto para sus militantes históricos y un verdadero dislate. Debería aplicarse el viejo adagio: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.” También afirmaron que el PAN se abre a candidaturas ciudadanas y que usará encuestas, el mismo método que critican a MORENA, asambleas o votaciones abiertas. Pero más allá de la retórica, lo único que cambió fue el logotipo. El nuevo emblema luce moderno, pero es un cambio estético inútil si los viejos vicios permanecen.
Las oligarquías panistas no están dispuestas a ceder poder, como se demostró en 2018, 2021 y 2024. Prometieron candidaturas abiertas, pero al final las dirigencias impusieron las suyas. Lo mismo ocurrió con el Frente Amplio por México en 2023: tras inscribir 2.5 millones de electores, redujeron la contienda a Xóchitl Gálvez, Beatriz Paredes y Santiago Creel. El día de la selección, Alito Moreno retiró a Paredes, Creel declinó por Gálvez y los votantes se quedaron con las ganas de participar. A esto se suma que sus actuales dirigentes solo abonan al descrédito. Jorge Romero, señalado por el “cártel inmobiliario”; Ricardo Anaya, que regresó al fuero; Zavala, Zepeda, Creel y Madero, que van y vienen según la conveniencia. Claro, hay panistas íntegros, pero no son quienes mandan. Entre las dirigencias locales prevalecen la corrupción y el nepotismo. Para el PAN, volver a sus orígenes no es nostalgia, sino supervivencia.
Pese a mis diferencias con Acción Nacional, nunca pondría en duda la honestidad de sus fundadores, hombres buenos y de una pieza, nada que ver con el pragmatismo, la ideología volátil y la corrupción actual. Con el arribo del neoliberalismo, el PAN cambió su ética por concertacesiones: aceptó gubernaturas y prerrogativas a cambio de apoyar al régimen. Así nació la alianza de facto con el PRI. Basta recordar el llamado de Elba Esther Gordillo en 2006 para apoyar a Calderón o la frase que se popularizó: “Para ganarle al PRI, se necesita un expriísta.” Tal como ocurrió en Durango con José Rosas Aispuro, quien por cierto, reapareció en el relanzamiento del partido. Ese amasiato entre PRI y PAN, acompañado por la “rémora azul” en que se convirtió el PRD, terminó formalizándose en alianza. Los resultados fueron pobres: Xóchitl solo ganó en Aguascalientes; el PRD perdió el registro; el PRI no ganó un solo distrito y el PAN apenas tres. En solitario, el PAN no consiguió ni una capital, pero en conjunto alcanzaron 35 distritos y 18 alcaldías capitalinas. Su fuerza depende de la alianza, no de sí mismos.
Aun así, los dirigentes panistas aseguran que romperán con el PRI y no se aliarán con Movimiento Ciudadano. Pero eso no pasa de ser una bravuconada. En Durango no ganarían sin el PRI, su aliado y primera fuerza estatal, y en entidades como Nuevo León y Jalisco ya buscan acuerdos con MC. El PAN se encuentra en una encrucijada: o regresa a sus raíces humanistas, democráticas y éticas, o seguirá diluyéndose en su pragmatismo.




