Análisis de altura. Siempre vividores… Partido del Trabajo
13/04/2026 - Hace 2 meses en Durango EstadoAnálisis de altura. Siempre vividores… Partido del Trabajo
El Partido del Trabajo (PT) nunca ha sido, en sentido estricto, un partido ideológico. Aunque durante décadas se ha disfrazado de izquierda y ha sostenido esa bandera, en los hechos siempre ha sido lo mismo, una estructura pragmática, funcional al poder y vividores de la política. No es que con el tiempo, hayan cambiado. Desde su origen han sido un instrumento, no una causa; una franquicia política que encontró en su falsa retórica una vía para acceder a privilegios, presupuesto y posiciones.
Sus antecedentes se remontan al Comité de Defensa Popular (CDP), surgido en 1972 como un movimiento urbano popular que, más tarde, evolucionó al PCDP. A partir de ahí se integró a la formación del Partido del Trabajo a nivel nacional. Sin embargo, detrás de esa narrativa de lucha social siempre existió un respaldo político que explica su crecimiento. Fue durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari cuando este grupo encontró impulso real. En Durango, incluso se mantiene viva —como verdad o leyenda urbana— la historia de los maletines repletos de dinero enviados desde el centro del país para financiar la operación política de sus dirigentes. Más allá de la anécdota, lo cierto es que su expansión no fue espontánea ni producto de una base social organizada, sino de una estrategia de movilización y respaldo desde el poder.
Aunque su origen se ubica en Chihuahua, fue en Durango donde encontraron u terreno fértil. A través de prácticas como la invasión de tierras, el llamado paracaidismo, lograron construir una base entre los sectores más vulnerables. Así surgieron colonias como la Zapata, Lucio Cabañas y Tierra y Libertad entre muchas más . En aquellos años se les conocía como “los MAOS”, en alusión a una supuesta inspiración maoísta que en realidad funcionaba más como etiqueta política que como una convicción ideológica. Siempre se presentaron como una izquierda combativa, incluso radical, pero en los hechos su actuación estuvo lejos de cualquier proyecto transformador. El discurso era una cosa, la práctica otra muy distinta.
Ese crecimiento social se tradujo rápidamente en poder político. En los años noventa lograron romper con la hegemonía tradicional en la capital de Durango. Gonzalo Yáñez encabezó la presidencia municipal entre 1992 y 1995, marcando un momento relevante en la historia política del estado. Posteriormente, Marcos Cruz Martínez repetiría el triunfo entre 1998 y 2001. Aquellas victorias no solo representaron un cambio electoral, también consolidaron una estructura que entendió que el verdadero objetivo no era transformar, sino permanecer.
A partir de entonces, el PT dejó de ser un movimiento para convertirse en una maquinaria de sobrevivencia política. Ha perdido el registro y lo ha recuperado gracias al respaldo del poder, como ocurrió en la elección extraordinaria de Aguascalientes, donde fue apuntalado por el PRI. Ese episodio desvela muchas cosas . No habla de fortaleza , sino de la capacidad de adaptarse, negociar y mantenerse a flote a cualquier costo. Siempre han estado ahí, al lado de quien gobierna, sin importar el color, sin importar el discurso.
Por eso hoy resulta absurdo intentar ubicarlos como una fuerza con identidad propia. El PT no es un partido de izquierda, ni de derecha, ni de centro. Es un partido que vive del sistema. Un grupo de mercachifles de la política, expertos en el chantaje institucional, que han hecho del presupuesto su principal fuente de subsistencia. Rémoras del poder, parásitos políticos que no compiten para ganar, sino que negocian para existir. Su lógica no es representar, es ocupar espacios. No construyen mayorías, se incrustan en ellas.
Bajo la sombra de MORENA se presentan como aliados, pero en realidad actúan como un socio incómodo, oportunista y profundamente interesado. Exigen candidaturas, posiciones y cuotas sin aportar una base electoral para sus demandas. Son útiles en ciertos momentos, sí, pero nunca han sido indispensables. Y ahí radica su verdadera fragilidad. Su reciente oposición a las propuestas de la presidenta Claudia Sheinbaum lo confirma. No se trata de una diferencia de visión, porque nunca han tenido una. Se trata, simplemente, de la defensa de sus privilegios. La reforma electoral amenazaba con modificar el esquema de designación de plurinominales, es decir, el mecanismo que les ha permitido colocar perfiles sin necesidad de competir ni ganar votos. Para un partido que ha vivido de esa lógica, el cambio representa una amenaza directa a su supervivencia política.
Pero esta vez el cálculo puede ser distinto. Porque el contexto ha cambiado. MORENA ya no depende del PT como en otros momentos. Y cuando un aliado deja de ser necesario, deja de ser tolerado. La política es así de simple. No hay lealtades permanentes, hay conveniencias. De cara a 2027 y 2028, el PT llegará debilitado. Su margen de negociación será menor, sus espacios más reducidos y su capacidad de imponer condiciones, muy limitada. En Durango, donde históricamente ha tenido influencia, el escenario comienza a moverse. Durante años, esa relación le permitió incidir en candidaturas y decisiones clave. Hoy esa realidad empieza a resquebrajarse.
En ese contexto aparece nuevamente Alejandro González (Gonzalo Yáñez), con la intención de buscar la gubernatura. Un político con oficio, que ha demostrado saber ganar incluso cuando pierde, pero que ahora enfrenta un entorno distinto. La posibilidad de que MORENA impulse perfiles propios, sin la tutela del PT, es cada vez más real. Y eso implica romper con un control disfrazado de alianza. El riesgo de desaparecer para el Partido del Trabajo es menor, ha demostrado una capacidad notable para sobrevivir. Pero sí enfrenta algo más complejo, dejar de ser útil. Y en política, cuando eso ocurre, el final no siempre es inmediato, pero sí inevitable. Porque los vividores del poder pueden resistir mucho tiempo, pero no para siempre.




