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ECOS DEL VISITEO MISIONERO

21/03/2026 - Hace 2 meses en Durango Estado

ECOS DEL VISITEO MISIONERO

Zona de Debate | 21/03/2026 - Hace 2 meses
ECOS DEL VISITEO MISIONERO

Por: +Faustino Armendáriz Jiménez, arzobispo de Durango.

En primer lugar, agradezco el testimonio de todos los sacerdotes de la Arquidiócesis de Durango, por su valentía y amor a Dios para salir a las calles, a las plazas, hospitales, comercios, en el visiteo casa por casa. Nos da gran testimonio del celo misionero de las comunidades parroquiales con más de 11,500 laicos en el territorio Arquidiocesano, ciudades y poblaciones rurales, todos los sacerdotes, movimientos eclesiales, vida consagrada, seminaristas, todos con la alegría propia de querer compartir su experiencia del amor de Dios, la Palabra de Dios que se proclama en los hogares y que transforma corazones, y escuchar tantas situaciones de la diversas realidades, muchas de ellas dramáticas y con sed de Dios. Para muchos misioneros ya se había vivido la experiencia, para quienes la vivían por primera ocasión, se entrelazaba la emoción, el nerviosismo y la pasión por salir al encuentro de las familias, e interactuar con adultos, niños, enfermos, personas viviendo en soledad, indiferentes a las cosas de Dios, hermanos de otros grupos religiosos y puertas cerradas, pero con una gran dosis de esperanza. 1. Testimonios: Son muchos los testimonios del visiteo misionero que escuchamos y que nos dejan una gran enseñanza, porque el visiteo misionero evangeliza a quienes somos misioneros. El hecho de tocar la puerta e interactuar con las familias nos provoca una gran emoción, y nos da una grande seguridad, porque sabemos que no vamos solos, sino que el mismo Cristo está con nosotros y toca puertas, “Mira que estoy a la puerta y llamo”, Ap. 3, 20. Mirar a los ojos a los miembros de la familia y predicar el amor de Dios con la Palabra de Dios en la mano, hace el milagro de cambiar rostros y corazones. Si no lo has hecho, te has perdido la oportunidad de ser evangelizado y escuchar a los miembros de una familia, que, en su vacío de Dios, uno de los infantes pregunta ¿y qué es eso de la Misa, de la Biblia, del catecismo? y muchísimos cuestionamientos y resentimientos. Es allí donde, al proclamar la Palabra se provoca el diálogo, y te confiesan los papás que no están casados por la Iglesia, que sus cinco niños no han recibido los sacramentos de Iniciación y no tienen planes para ello. Conforme se anuncia el Kerigma, van abriendo su corazón, preguntando y dejando escapar su sed de Dios, confesando que ningún misionero católico jamás les había visitado y abierto los ojos; expresan su deseo de dar seguimiento a la propuesta de la Parroquia y entran en un proceso de evangelización. 2. Encuentro con hermanos de otro grupo religioso, especialmente Testigos de Jehova. En nuestro trayecto nos cruzábamos con varios grupos de ellos, en las calles con un saludo; seguramente si los católicos saliéramos más frecuentemente nos los cruzaríamos una y otra vez. Esto nos da la certeza de que todos los vacíos que sigamos dejando, si omitimos el visiteo misionero, otros hermanos que no profesan nuestra fe los ocuparán. En el visiteo misionero nos encontramos con todo tipo de situaciones y circunstancias familiares, lo cual es valioso porque conocemos la realidad de las familias y es allí donde pueden intervenir los servicios de las diversas pastorales: catequesis, adolescente y jóvenes, familia, amigos especiales, pastoral social, y un largo etcétera. Si esto no se concreta, el visiteo pasará desapercibido y no habrá acompañamiento a las familias por parte de la parroquia. Esto solo será posible y se cosechará frutos, si hay amor a la comunidad y sus sectores. Los hermanos de otras religiones están en las familias, y no está en vano señalar que la mayoría profesó antes la fe católica, como la persona anciana que reta al misionero y le señala: “Que me va enseñar usted a mí, yo fui católica, estuve en la acción católica, en la Vela perpetua, y participé mucho”; ya no abundó en la causa de su salida, pero cada uno podemos intuirlo: falta de una sólida e incansable evangelización. El reto continúa, y por ello seguiremos en la misión, porque Jesús nos lo ordenó: “Vayan y evangelicen” (Mt. 28). Son encuentros que nos hace ver la realidad, y que nos abren más los ojos para que la misión sea la prioridad que se ejecute en las comunidades. 3. “Que nos quite el sueño”. Ojalá nos sintamos interpelados, como una enseñanza práctica del visiteo misionero, y tomemos conciencia de que vale la pena ser una “Iglesia en salida”, y de invertir mucho tiempo para evangelizar a las familias (esta será una verdadera Pastoral Familiar) y dejarnos evangelizar por ellas. Después de una experiencia así, no podemos permanecer indiferentes ante la desafiante realidad, por ello, ojalá el conocimiento de la misma “nos quite el sueño”, y salgamos a misionar, “Sin demora, sin asco y sin miedo” (EG n. 23). La misión no se negocia, se realiza, y por ello, a pesar de nuestra sordera, recordemos la exhortación del Papa Francisco, y en oración nos hará bien retomarla, ya que es necesario ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades (EG 33). Salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (EG 20). Solo si amamos a nuestra Iglesia, la realidad eclesial de nuestras Diócesis y Parroquias “nos quitará el sueño”. 4. La misión, solo es misión si es permanente. En el recorrido alguien me comentaba, ya más consciente de lo que es el visiteo misionero, “esto se quedará en nada si no le damos seguimiento”. Por ello, y dándole la razón al anterior testimonio, afirmamos que la misión da frutos solo cuando esta es permanente, es decir que, en la Parroquia, con el equipo para la misión, se cuiden las pequeñas comunidades y las personas visitadas para que entren en el proceso de evangelización se les orienta a realizar el curso “Nueva vida” y el proceso que ofrece la Escuela de evangelización San Andrés. Así se garantizará que la misión sea permanente, sin ello, no hay misión. Recordemos, si queremos recoger frutos evangelizadores, la oración y la adoración ante el Sagrario son imprescindibles.

Sigamos mirando lejos, con la esperanza puesta en Dios (Cfr. PGP, 86). “Lo que atañe a todos, por todos debe ser tratado” (Carta Pastoral “Por una Iglesia sinodal” p. 2)

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