El volante: el arma más letal de México
El 2025 nos dejó una herencia de sangre que preferimos ignorar. Las estadísticas del INEGI y la AMIS no son solo números; son el acta de defunción de una sociedad que confunde libertad con imprudencia. Hoy, los accidentes son la quinta causa de muerte en el país, y en el 90% de los casos, la culpa no fue del azar, sino nuestra.
La anatomía de la tragedia
México promedia 47 siniestros diarios vinculados a una sola decisión: beber antes de conducir. No es un error, es negligencia. A esto le sumamos el exceso de velocidad y esa adicción letal a la pantalla del celular que nos roba la atención en el momento más crítico.
Velocidad: Responsable de más de la mitad de las muertes en tramos federales.
Vulnerabilidad: Peatones y motociclistas pagan la factura más alta. Aunque el casco es obligatorio, la letalidad en dos ruedas no cede; las colisiones con lesionados crecieron un 7%, superando los 13,000 registros.
En Semana Santa y el pronóstico es oscuro: la Guardia Nacional anticipó un aumento de hasta el 20% en siniestros. En un país donde las carreteras ya son territorio de riesgo por la violencia, nuestra propia falta de pericia termina por cerrar la pinza de la inseguridad. Si el crimen no te alcanza, la imprudencia en el asfalto podría hacerlo.
Prevenir no es ciencia oculta, es sentido común, ese que parece escasear al encender el motor. Según expertos del sector asegurador, existen cuatro factores críticos que podemos controlar:
La fatiga: El sueño anula tu capacidad de reacción. Si estás cansado, no manejas; así de simple.
El entorno: Tenemos baches y rutas mal niveladas. Ante la infraestructura deficiente, la única defensa es la velocidad moderada.
El clima: La niebla y la lluvia no son obstáculos, son advertencias.
La máquina: Un vehículo sin mantenimiento es una bomba de tiempo. Frenos y neumáticos son tu última línea de vida.
Llamarles “accidentes” es un eufemismo que nos exime de responsabilidad. Casi todas estas muertes pudieron haber sido evitables. Mientras sigamos viendo el reglamento de tránsito como una sugerencia y no como un pacto de supervivencia, seguiremos contando con las mismas tendencias .




