Greguerías Gregarias
Por: Juan Francisco Arroyo Herrera
Creo haberle platicado alguna vez, pero si no fue así lo hago de nuevo. En 1978 ingresé a la recién creada Delegación Estatal de la Secretaría de Educación Pública, con motivo de la desconcentración de esa dependencia federal. El primer delegado y obviamente mi jefe, fue don Jorge Fernández Mier, de quien he dicho y lo repito; trabajador, recto, honesto a carta cabal y como persona ni que decir de pies a cabeza todo un caballero. Fui invitado para hacerme cargo del departamento de servicios jurídicos pero se incluía el manejo de los conflictos surgidos en los diversos niveles educativos.
Eran comunes los “paros” o suspensiones de labores motivados algunas veces por los maestros, otros por los alumnos y también los padres de familia. Me di cuenta muy pronto que en todos los casos esos movimientos eran gestados por una persona o un reducido grupo. Los maestros tenían como causa conflictos intersindicales; en tanto que los de los alumnos y padres de familia eran instrumentos de los propios profesores para dirimir alguna diferencia personal o grupal con el director o con las autoridades superiores.
Y como reza un principio esotérico según el cual, “como es arriba es abajo”, yo diría que como es abajo es arriba. En efecto, todos los conflictos internacionales tienen un o unos propulsores. Alguna vez vi la entrevista de un viajero especializado que reportan sus trabajos de todo el mundo. Al recorrer irán, en plena llanura se detuvo para intercambiar palabras con nómadas asentados a la vera del camino. Surgió la interrogante obligada: la guerra entre Irán e Israel. Muy displicente el patriarca le respondió que a ellos no les afectaba para nada y que todo era un pleito “entre los gobiernos”.
Convencido estaba de mi teoría sobre la imprescindible presencia de generadores de tales fenómenos. Pero resulta que no es así. Quizá tenga presente el 2011. En aquél año la gente materialmente se apoderó de las calles en todo el mundo árabe como medida de presión a las autoridades para terminar con la opresión. Se generalizó lo que ahora se conoce como “Primavera Árabe”, que se extendió en todo Oriente Medio y Norte de África con un estallido que no tenía precedentes con protestas populares y exigencias de reformas.
El histórico evento empezó en Túnez y al cabo de unas semanas llegó a Egipto, Yemen, Bahréin, Libia y Siria. El balance fue el derrocamiento de Sátrapas que ostentaban el poder hacía décadas, como fueron los casos de Hosni Mubarak en Egipto y Zin el Abidín Ben Alí en Túnez. Los participantes abrigaban la esperanza de que con esa revolución sin armas, restituiría los derechos humanos por nuevos gobiernos con reformas políticas y desde luego una auténtica justicia social, lo que se logró solamente en algunos casos.
Nepal es un precioso país localizado en el sur de Asia, dentro de la cordillera del Himalaya. Colinda con China, India y el Tíbet. Los conocedores admiran la diversidad de su cultura y su concepción espiritual. Famoso por contar con las montañas más altas del mundo en las que predomina el Monte Everest. Desgraciadamente es muy pobre. Si usted se contenta con ver noticieros y periódicos tradicionales, de seguro ignora lo que en realidad pasa en este momento en su territorio, todo por no ver fuentes genuinas y objetivas.
La generación Z es una cohorte demográfica colocada después de la generación milénica (milenials) y antes de la Alfa. En esta clasificación está ubicada la juventud nepalí que éste 10 de septiembre derrocó a sus dirigentes, incendiando las oficinas gubernamentales y sus casas, la razón: la decisión oficial de bloquear todas las redes sociales. Primer efecto la dimisión de Ramesh Lekhak, y todo el “gabinete que gobernaba”. Veremos que sigue. No intervinieron potencias extranjeras, anarquistas ni fanáticos, fue la savia de su población, los jóvenes, los únicos autores, la generación Z.




