GREGUERÍAS GREGARIAS
Por: JUAN FRANCISCO ARROYO HERRERA
Aunque no se sabe si fue en Ramos Arizpe, Muzquiz o Allende, lo que sí es probable que fue por allá en 1900, cuando Rosita Alvirez murió a manos de Hipólito. Su mamá le insistía que esa noche no saliera y la retobona le contestaba que no tenía la culpa que a ella le gustaran los bailes. Por su parte, Hipólito regaba su parcela cuando llegó el metomentodo Marcos para sonsacarlo que se fueran al baile, sólo para que Rosita lo desairara y cuenta Lalo González Piporro que se puso colorao, colorao de pura vergüenza. Hipólito le imploró “Rosita no me desaires, la gente lo va a notar; – pos que digan lo que quieran contigo no he de bailar, replicó la bailante”. Ante el rechazo, Hipólito echó mano a la cintura y nomás tres tiros le dio. Así queda registrado un hecho recogido en los anales de la música, donde se narra la tragedia por un simple rechazo.
También José Alfredo Jiménez nos cuenta lo que “Sucedió en la barranca”. En este corrido el guanajuatense canta lo que traía prendido en el fondo del alma; que no es otra cosa, que la desgracia de un hombre que murió en la barranca. Resulta que ese amigo era rival en amores de un hombre muy macho que siempre ganó y ambos, para variar un poco de nombres propios, se disputaban a Rosa, la niña más chula de aquella región. Para dirimir sus querencias se citaron la noche más negra en el barranco y ahí acudieron los dos. Continúa relatando “El rey”, que eran las diez de la noche en la vieja capilla del panteón, cuando sonaron dos tiros y un hombre sin vida al barranco cayó. Pasaron dos años y se casó Rosita, vestida de blanco más linda que nunca camino al altar; mientras que en la cárcel, un hombre muy macho se quiere matar.
En el primer caso se nos platica lo del alevoso Hipólito, en el segundo lo de dos pelaos bragaos, pero aquí tenemos a un caprichudo. Llamábase Domingo Corrales, que montando su caballo miraba sus propiedades; en la descripción se nos dice que era hombre ranchero de mucho dinero, tenía cinco establos, bastante ganado y muchas tierras de riego. Por eso, temprano paseaba a caballo perdiéndose en sus heredades. Hay una cosa: las mujeres fueron su desgracia y en una aventura la vida perdió. Como las fiestas se celebraban, Domingo andaba borracho; llegó a la plaza, rayando su caballo. Para esto, la reina del pueblo se llamaba Gardenia y con pistola en mano se la robó; más cuando iban corriendo se precipitaron a un barranco donde se fueron cayendo y rodando y los dos se mataron con todo y caballo.
El amor de Rosa, de Rosita y de Gardenia, no son los únicos que han desencadenado infortunios, la propia música es escenario de “Enfrentamientos”. En la cuna de la cumbia, la hermosa Colombia aconteció que Lorenzo Morales y Emiliano Antonio Zuleta Vaquero, se adjudicaban la virtud de tocar con maestría el acordeón y otros instrumentos musicales. Al principio, como dijeran en el rancho, “Eran más las echadas que las ponedoras”, hete ahí que un buen día Emiliano le dijo a Lorenzo: “Acordate Moralito de aquel día/ que estuviste en Urumita/ Y no quisiste hacer parranda… Te fuiste de mañanita/¿Sería de la misma rabia?/… En mis notas soy extenso/ A mí nadie me corrige…Para tocar con Lorenzo/Mañana día e´ la Virgen…Me lleva él o me lo llevo yo/ Pa que se acabe la vaina (o como diríamos en México la bronca…”. Así nació “La gota fría”, de la autoría de Emiliano Antonio Zuleta Vaquero. Tuvo infinidad de intérpretes, hasta que la hizo famosísima Carlos Vives, con un ritmo guapachoso que la internacionalizó y de esta manera terminó el duelo entre Moralito y Zuleta, cayéndole de esta manera al primero “La gota fría”, que en nuestro país se traduciría como “Le cayó el chahuistle”.




