JUANA MANRIQUE DE LARA Y LAS BIBLIOTECAS (Segunda parte)
19/06/2025 - Hace 12 meses en Durango EstadoJUANA MANRIQUE DE LARA Y LAS BIBLIOTECAS (Segunda parte)
Por: Gilberto Jiménez Carrillo
Hacia 1920, inspirada por la política educacional y bibliotecaria de Vasconcelos, bajo el gobierno carrancista, la señorita Juana fue de las primeras en proponer la gran necesidad de crear bibliotecas infantiles y juveniles en nuestro país. Después de todo, el futuro de la nación debía buscarse, según el ideal cultural e intelectual carrancista, en las entonces recién estrenadas escuelas públicas, donde se democratizaba la educación y en donde la biblioteca infantil y juvenil (como los laboratorios o el gabinete de física) debía tener una atención especial. Con esto en mente, la maestra Manrique de Lara presentó a Vasconcelos varias proposiciones, como el desarrollo de bibliotecas en las escuelas primarias superiores, para complemento de la enseñanza y el desarrollo de una conducta lectora, el incluir en los programas de Lengua Nacional el tema sobre el manejo de bibliotecas y uso, selección y prácticas de recolección de libros, no solamente en escuelas primarias, sino también en las normales, secundarias y preparatorias, y la importante implantación de la Biblioteca Circulante en el espacio de la Biblioteca Nacional, una biblioteca infantil móvil al servicio de la nación. Vasconcelos aplaudió todas sus propuestas y mandó a la joven a estudiar a Nueva York (en ese entonces el centro más importante y novedoso para el desarrollo de bibliotecas), para que a su regreso no solo llevara a cabo sus planes, sino también asentara las bases para la importante preparación de nuevos bibliotecarios mexicanos desde la trinchera magisterial. En este tema, Manrique de Lara también puede considerarse la pionera de la educación a distancia para bibliotecarios, pues en revistas de la época se encontraban anuncios del Curso de Biblioteconomía por correspondencia, que la maestra impartió a partir de 1929, dirigido principalmente a maestros rurales. Para 1931 tenía 320 alumnos inscritos. Desde Nueva York, Manrique de Lara escribió artículos de alto contenido académico, verdaderas lecciones para que los bibliotecarios comprendieran y contribuyeran a que la biblioteca desempeñara su papel tanto en el desarrollo del gusto lector como en la democratización del libro, la información y el uso de la propia biblioteca. De estos escritos salió el perfil ideal del bibliotecario infantil mexicano: “[…] debe ser un educador, un maestro y un colaborador efectivo y valioso de los maestros de las escuelas, además, un amigo cariñoso e inteligente de los niños y jóvenes que concurran al establecimiento, a los cuales ayudará con sus consejos y guiará en la formación de sus gustos literarios y en la selección de obras de buenos autores”. Jaime Torres Bodet, escritor, poeta y entonces importante figura en el mundo editorial (más tarde Secretario de Educación Pública), les dio a los escritos enviados por la maestra Juana tal importancia que los publicó en el órgano oficial del Departamento de Bibliotecas, El Libro y el Pueblo, que al ser distribuida internacionalmente dio la oportunidad de que la producción de la maestra pudiera ser conocida internacionalmente. Las principales aportaciones de Juana Manrique de Lara fueron la creación y fundación de la biblioteca infantil y juvenil en México, resucitó el papel central la biblioteca y el bibliotecario popular en la educación, hizo que la formación del bibliotecario estuviera dirigida a hacer posible que la biblioteca cumpliera su papel fundamental en la democratización del libro, la información y el uso de la propia biblioteca, que la formación del bibliotecario no era nomás catalogar y clasificar, sino que debía acompañarse de conocimientos que le permitieran acceder a una necesaria cultura general, por lo que sugería que esta formación se acompañara de una elemental información sobre sucesos mundiales y domésticos. También recomendó la formación de un comité de selección dependiente del Departamento de Biblioteca. Basada en la mercadotecnia y tipo de publicidad de la época, promovió certeras campañas para difundir las bibliotecas en revistas y libros y se acercó al sector privado para el sostenimiento de bibliotecas. Haciendo de su profesión un verdadero apostolado, Juana Manrique de Lara pudo apoyar con su dedicación el ideal que compartía con Vasconcelos de fomentar la lectura. Por supuesto, debería ser postulada a la canonización, después de todo, una persona que hace de la biblioteca un puente maravilloso entre niños, jóvenes, adultos y la lectura para su enseñanza y crecimiento merece eso y más. Doña Juana murió en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1983.
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