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La inseguridad ya no solo se mide en cifras. Se mide en hábitos, silencios y miedo cotidiano.

07/05/2026 - Hace 4 semanas en Durango Estado

La inseguridad ya no solo se mide en cifras. Se mide en hábitos, silencios y miedo cotidiano.

Zona de Debate | 07/05/2026 - Hace 4 semanas
La inseguridad ya no solo se mide en cifras. Se mide en hábitos, silencios y miedo cotidiano.

Por: Felipe Correa.

Los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) revelan una realidad que el país conoce demasiado bien: seis de cada diez mexicanos mayores de edad consideran insegura la ciudad donde viven. En marzo de 2026, el 61.5 % de la población en 91 ciudades del país afirmó sentirse insegura. Aunque la cifra representa una ligera disminución respecto a diciembre de 2025, el problema sigue profundamente arraigado en la vida pública y privada de México.

La estadística, por sí sola, podría parecer una variación técnica. Pero detrás de ese porcentaje existe una ciudadanía que ha normalizado modificar su comportamiento para sobrevivir. Personas que dejan de caminar por las noches, familias que impiden que sus hijos salgan solos, ciudadanos que esconden objetos de valor y que incluso limitan sus visitas a amigos o familiares por temor a convertirse en víctimas de un delito.

El miedo dejó de ser excepcional; ahora forma parte de la rutina.

La percepción de inseguridad continúa golpeando con mayor fuerza a las mujeres. Mientras el 67.2 % de ellas considera inseguro vivir en su ciudad, entre los hombres la cifra es de 54.6 %. La diferencia no es menor: evidencia cómo el espacio público sigue siendo percibido como hostil para millones de mexicanas, especialmente en lugares tan cotidianos como las calles, el transporte público o los cajeros automáticos.

Y es precisamente ahí donde el dato se vuelve más alarmante: el 70.6 % de la población manifestó sentirse insegura en cajeros automáticos ubicados en la vía pública; el 65.3 % dijo sentir temor en las calles y el 64.1 % en el transporte público. En otras palabras, el miedo no habita únicamente en zonas de conflicto o territorios dominados por el crimen organizado; habita en los espacios más comunes de la vida diaria.

La ENSU también deja ver otro fenómeno preocupante: la ciudadanía no percibe que el problema vaya a mejorar pronto. El 30.1 % considera que la situación de inseguridad seguirá igual de mal durante los próximos doce meses y un 27.1 % cree que incluso empeorará. La expectativa social refleja algo más profundo que una percepción: refleja desgaste institucional.

Porque cuando la población pierde la confianza en que las condiciones mejorarán, el problema deja de ser únicamente de seguridad y se convierte en una crisis de legitimidad del Estado.

Aun así, algunos datos muestran ligeros avances. Disminuyeron ciertos indicadores relacionados con robos, vandalismo y disparos frecuentes en zonas habitacionales respecto al año anterior. También ciudades como San Pedro Garza García, Saltillo y Torreón registraron reducciones importantes en percepción de inseguridad. Sin embargo, otras ciudades como Puerto Vallarta, Tepic y Zapopan tuvieron incrementos abruptos, demostrando que la violencia y la percepción social siguen siendo fenómenos profundamente inestables.

Otro dato que merece atención es el crecimiento de conflictos vecinales y tensiones sociales. Más del 72 % de quienes reportaron enfrentamientos dijeron haberlos tenido con vecinos. Basura, ruido, vandalismo y consumo de alcohol en las calles aparecen cada vez más como detonantes de conflicto urbano. Esto revela que la inseguridad no solamente proviene de estructuras criminales; también emerge de la descomposición cotidiana del tejido social.

Y quizá uno de los hallazgos más reveladores del estudio está en cómo la ciudadanía se informa sobre seguridad pública. Facebook se consolidó como la principal fuente de información para más del 61 % de la población, por encima incluso de los noticieros televisivos. Esto confirma que la percepción pública de la inseguridad ya no se construye exclusivamente desde las instituciones o los medios tradicionales, sino desde redes sociales donde la inmediatez, la viralidad y, muchas veces, la desinformación, moldean el ánimo colectivo.

México enfrenta hoy un desafío complejo: combatir no solo la delincuencia, sino también la normalización del miedo. Porque una sociedad que deja de salir de noche, que vive alerta en cada trayecto y que modifica su vida cotidiana para evitar ser víctima de un delito, es una sociedad que lentamente pierde libertad.

Y cuando el miedo se vuelve costumbre, la inseguridad deja de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en una condición permanente de vida.

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