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LA PARROQUIA Y LOS PROCESOS

27/06/2026 - Hace 2 horas en Durango Estado

LA PARROQUIA Y LOS PROCESOS

Zona de Debate | 27/06/2026 - Hace 2 horas
LA PARROQUIA Y LOS PROCESOS

Por: +Faustino Armendáriz Jiménez, Arzobispo de Durango.

Todos sin excepción estamos dentro de la circunscripción de un territorio parroquial, y tenemos derecho como feligreses, pero también deberes o responsabilidades en nuestra respectiva comunidad parroquial. Por ello, una de las tareas prioritarias del responsable de la Parroquia es formar la comunidad, de tal manera que se experimente la cercanía al ser y quehacer de la misma, y se sienta la confianza de acudir a ella para alguna información y para recibir la formación y crecimiento que se necesita en la vida cristiana, además de formar parte de un proceso evangelizador y llegar a ser parte de una pequeña comunidad, ya que la Parroquia se define como comunidad de comunidades y desde donde salen los misioneros a sus cuatro puntos cardinales. Alguno me ha preguntado: ¿Y quién es el responsable para que esto suceda? No tengo duda en responder que el Párroco, porque se ha formado para ello y en el Sacramento del Orden Sacerdotal, recibió los auxilios divinos para posibilitar que lleve adelante la misión que le corresponde, además de la formación permanente que actualiza y dinamiza su conocimiento y espíritu de entrega. Está consciente de ello y desde el Derecho Canónico es clara la descripción de su tarea en el nombre de Dios.  La parroquia será siempre un espacio de oxigenación para toda persona que necesite una palabra de consuelo, una escuela de formación de misioneros, un lugar de escucha que posibilite el estilo de vida sinodal, con todo lo que ello implique.  En el Documento final de Aparecida, los Obispos latinoamericanos abordamos de manera clara la realidad de la parroquia, junto con el gran potencial de riqueza y acción que se tiene en la comunidad parroquial, y donde el reto fundamental es que sea una comunidad, y la única manera es siendo comunidad de comunidades. Por ello, destaco algunos elementos que pueden iluminar nuestra idea que tenemos de la Parroquia, planteándolos de manera concreta y práctica, que nos sirvan para analizar la realidad propia. Ciertamente, el Documento de Aparecida (2007), es un parteaguas en la pastoral latinoamericana, aunque a veces la percepción es que lo hemos desaparecido, sin embargo, para un servidor es un referente por el contenido misionero y por haber tenido la oportunidad de haber participado en dicha asamblea en Mayo de 2007.  1. La dimensión comunitaria (Cf. DA n. 304). Las parroquias son células vivas de la Iglesia y un lugar privilegiado para que todo cristiano, adulto, joven o niño, tenga una experiencia con Cristo y de Iglesia, viviendo la experiencia comunitaria. Esto será posible, cuando los fieles experimenten la Parroquia como una familia en la fe y en la caridad, en la que mutuamente se acompañen en el seguimiento de Cristo.  Mucho ayuda el proceso sinodal, porque nos lanza a la vida en comunión, participación y a realizar todos juntos la misión, como la prioridad del camino evangelizador de la comunidad, y para lo cual no hay excusas para desentenderse o resistirse a salir.  2. Centros de irradiación misionera. Una Parroquia solo crecerá en todo sentido cuando viva una conversión pastoral, sea el párroco como la comunidad, y tengan la valentía de dejar atrás “el siempre se ha hecho así” y exigirse “que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera […] con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (DA 360). Nos queda claro que se refiere a la comunidad parroquial, donde el Párroco tiene que tener mirada aguda y su intensa pasión por la evangelización, para salir de los esquemas adormilados y cómodos, donde la ignorancia de que la Iglesia existe para evangelizar, no provoca la exigencia de la feligresía para que muchos se sientan comprometidos a ser misioneros, y formarse para ello y mucho menos salir permanentemente a hablar del amor de Dios en las calles y en las plazas.  Por ello, la parroquia tiene que irradiar la luz de Dios con la misión, y es la razón por la cual “se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad ‘para que el mundo crea’ (Jn. 17, 21)” (DA 362).  Si realmente las Parroquias de nuestras Diócesis han asumido el reto de la conversión pastoral, se exigirá que se pase “de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” […] con un nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de formación misionera” (DA 370).  Escribo esto con gran esperanza, creyendo que a la Iglesia la cuida Dios y es su obra, y nosotros somos simples trabajadores de su viña, que tenemos la libertad de trabajar o no hacerlo, y con la certeza de que “Dios prefiere llorar de impotencia que quitarle la libertad al hombre”, como cuando lloró ante Jerusalén.  Retomó el documento de Aparecida, porque no es una enseñanza que ha pasado de moda, ya que creo firmemente que ha sido un parteaguas para la Iglesia latinoamericana, y que el Papa Francisco le dio una dimensión universal con su Exhortación “Evangelii Gaudium”, y podemos acudir a él para iluminar la misión del Párroco y su Parroquia, para hacerlo bien.  Dicho esto, creemos que los laicos son responsables claves, de que una parroquia esté en dinamismo misionero o no, dependiendo de sus deseos de crecimiento en la formación y de que nos exijan programar con orden y buscando atender a todos los sectores parroquiales; solo así podremos afirmar que son “centros de irradiación misioneros”, y dejar de poner excusas para que no lo sean.  3. Los procesos. El Documento de Aparecida es insistente en tener procesos y en la formación permanente; esto lo tiene que tener muy claro el Párroco, que de ninguna manera está en una parroquia para anclarse en el sacramentalismo y en el clericalismo, es decir, concretar su ministerio a la celebración de sacramentos y a realizar la vida pastoral sin la colaboración de los órganos de participación eclesiales, como son los Consejos Parroquiales, que propician el diálogo y la escucha, es decir, un estilo sinodal de los procesos comunitarios  Para que no haya excusas en la parroquia de “los comos para evangelizar”, es fundamental que el eje central sea “un proyecto orgánico de formación aprobado por el obispo, y elaborado con los organismos competentes, y teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia Particular” (DA 281). La colaboración de los laicos siempre aporta una riqueza original que debe ser tomada en cuenta en los procesos de formación.Digamos basta a una diócesis o parroquias sin procesos de formación, que generan procesos evangelizadores, que personalmente creo tendrán un doble objetivo, la creación de pequeñas comunidades y el desarrollo de la misión permanente a través del visiteo misionero.Los procesos deben estar sustentados en el discernimiento y en la escucha de la Palabra de Dios (Cf. Documento final del sínodo de la Sinodalidad n. 83).  Sin procesos en las parroquias, ¿Qué se puede lograr? 

Sigamos mirando lejos, con la esperanza puesta en Dios (Cfr. PGP, 86). “Lo que atañe a todos, por todos debe ser tratado” (Carta Pastoral “Por una Iglesia sinodal” p. 2)

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