Mazatlán: Entre la sonrisa del anfitrión y el silencio del estado
26/03/2026 - Hace 2 meses en Durango EstadoMazatlán: Entre la sonrisa del anfitrión y el silencio del estado
Por: Felipe Correa
Mazatlán sufre los daños colaterales de una violencia que no da tregua. Nada ha vuelto a la normalidad desde septiembre de 2024, cuando la pugna interna del Cártel de Sinaloa fracturó la vida diaria y asfixió la economía de la entidad.
Lo que antes era una verbena popular en Semana Santa, donde locales y turistas disfrutaban sin miedos, hoy es un escenario de incertidumbre. Las desapariciones, ejecuciones y el asalto en carreteras han desmantelado la paz. Ante esto, las políticas públicas de seguridad han sido nulas; los discursos institucionales, vacíos de contenido, intentan —sin éxito— maquillar una percepción de inseguridad que se respira en cada esquina de la llamada “Perla del Pacífico”.
A pesar del contexto, el sector hotelero resiste. Las cifras no son despreciables: se estima una ocupación del 81% en el estado y del 84% para Mazatlán. Sin embargo, estos números no llegan solos. Son el resultado de una «normatividad blanda» y estrategias desesperadas para atraer reservaciones en una Semana Santa 2026 que arranca este 28 de marzo bajo un cielo complejo. Las autoridades, mientras tanto, han optado por la postura más cómoda y peligrosa: el silencio.
Antes de la crisis de 2024, Mazatlán era un combo imbatible de calidez, gastronomía y playas paradisíacas. Hoy, las consecuencias son tangibles: las tarifas hoteleras han caído entre un 30% y 35%, un reflejo directo de la baja en la afluencia turística.
En la otra cara de la moneda está la guerra de facciones, una disputa sin límites territoriales marcada por la sangre, los secuestros y las fosas. Mazatlán no ha dejado de ser un destino importante, pero su mayor activo hoy es su gente. Son los sinaloenses quienes, con una sonrisa valiente, reciben al turista mientras susurran recomendaciones «no escritas» sobre qué lugares evitar para salvaguardar la vida del visitante.
Hoy, el Mazatlán paradisíaco vive a la sombra del crimen organizado. Aunque no existe una alerta oficial que prohíba visitar el puerto, la percepción exterior es amarga. Al final, queda el corazón de su gente: trabajadores, sinceros y amables, que intentan sostener un destino que el Estado parece haber dejado a su suerte.




