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¡NO A LA IGNORACIA!

07/02/2026 - Hace 4 meses en Durango Estado

¡NO A LA IGNORACIA!

Zona de Debate | 07/02/2026 - Hace 4 meses
¡NO A LA IGNORACIA!

Por: + Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Arzobispo de Durango

Lo pedimos en la oración Todos somos conscientes de la necesidad y de la fuerza de la oración, que se realiza como Jesús nos lo enseñó, con las palabras que un hijo dirige a su papá, de manera sencilla y nada rebuscada.

Muchos tenemos testimonios de los frutos que la oración produce en la vida personal, en la familia y la comunidad. Sin embargo, hay oraciones hermosas que hemos aprendido de memoria con un lenguaje elaborado y que nuestros papás o abuelos nos enseñaron. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su Cuarta Parte (nn. 2558-2865), habla ampliamente de La Oración Cristiana y a profundidad; de mucho fruto sería que accediéramos a este contenido.

En esta ocasión, solo hago referencia a una oración que, quizá algunos aprendimos de memoria, y que se nos propuesto para orar por el Sínodo y todo el proceso sinodal. Oración que seguiremos rezando en esta etapa de “Implementación del sínodo”, en momento en los cuales iniciemos alguna reunión pastoral, que siempre tendrán esta orientación hacia la Sinodalidad.

Es importante unirnos espiritualmente con ella porque es parte del caminar juntos, y es una indicación del Espíritu Santo para que nos ilumine, sobre todos cuando nos sentimos desubicados y no encontramos los caminos para orientar, a nosotros mismos y a la comunidad en el itinerario sinodal. La Carta de la Secretaria General del Sínodo nos exhorta a esta implementación: “El Documento […] compromete a las Iglesias a hacer opciones coherentes.

En particular en ‘las Iglesias locales y las agrupaciones de Iglesias están llamadas ahora a implementar, en los diversos contextos, las indicaciones autorizadas contenidas en el Documento a través de los procesos de discernimiento y de toma de decisiones previstas por el derecho y por el documento mismo’” (15 de marzo de 2025). Enseguida, me permito destacar algunos elementos de la conocida oración: 1. Adsumus Sancte Spiritus.

Todas las sesiones del Concilio Vaticano II (el cual se celebró entre el 11 de octubre de 1962 y el 8 de diciembre de 1965), iniciaban con la oración Adsumus Sancte Spiritus, la primera palabra del original latín que significa “Estamos ante ti, Espíritu Santo”, que se ha utilizado históricamente en los Concilios, Sínodos y otras reuniones de la Iglesia durante cientos de años, y se atribuye a San Isidoro de Sevilla (ca. 560 – 4 de abril 634).

Mientras vivimos este proceso sinodal, la oración invita al Espíritu Santo a actuar en nosotros, para que seamos una comunidad y un pueblo de gracia. La hemos rezado con fe, mientras se realizaban las sesiones sinodales, y lo continuaremos haciendo, con la versión simplificada que conocemos en las fases próximas del proceso sinodal, de tal manera que cualquier grupo o asamblea pastoral y litúrgica pueda rezarla con mayor facilidad. 2.

“Tú que eres nuestro verdadero consejero”. Con esta expresión reconocemos que Él nos regala dones para fortalecer nuestra vida y uno de ellos es el Don de Consejo, tan necesario en el discernimiento, y por ello le decimos suplicantes, “entra en nuestros corazones”. Este don nos pide con humildad, y es la capacidad divina de discernir la voluntad de Dios en situaciones difíciles, ayudando a tomar decisiones correctas, actuar con prudencia y guiar a otros hacia la fe, perfeccionando la virtud de la prudencia y abriendo el corazón a la luz divina para elegir el bien y la salvación.

Nos ayuda a elegir entre lo correcto e incorrecto. Esté don para discernir allana el camino para lo que pedimos posteriormente en la oración. 3. ⁠“Enséñanos el camino”. Con esta súplica reconocemos que solos perdemos el rumbo y que solo el Señor como camino puede guiar nuestra vida y liberarla de toda soberbia, orgullo personal y prepotencia para tomar las decisiones por nuestra cuenta, solos y aislados de la comunidad.

Por eso la Conversación en el espíritu es un ejercicio muy completo, donde es el mismo Espíritu Santo quien habla a través de nosotros y nos inspira a encontrar palabras que orienten la vida personal y del equipo; en este ejercicio, no son mis opiniones, sino que es el Espíritu quien me ayuda a dialogar y a descubrir en la escucha de los hermanos, cuál es la voluntad de Dios en aquel momento y en esa realidad.

Si el Señor nos enseña el camino, no perderemos el rumbo y llegaremos a la meta que él quiere, porque el Espíritu nos mantiene en un dinamismo permanente y no hay margen para pausas en la vivencia de la Gracia, ni tolerancia de desviaciones, de acciones autoreferenciales, de inmadureces, ni pereza en las acciones.

Si se tiene una meta, aunque haya tropiezos en el camino, levantarse con su gracia, y teniendo un proceso estratégico y un estilo de vida, donde la oración y la adoración nos permitan detectar cuál es la voluntad de Dios. 4. “No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos”. Uno de las alternativas claves para no caer en la ignorancia y obnubilar nuestro horizonte pastoral es la formación permanente para todos, por eso el Papa Leo XIV señala que la formación no puede reducirse a la adquisición de conocimientos teóricos o habilidades funcionales.

“Esta llamada exige de todos, ministros ordenados y fieles laicos, una formación sólida e integral, que transforme nuestra humanidad y espiritualidad, para que asuman la forma del Evangelio” (25 de julio 2025). El proceso sinodal será un reto permanente, y por ello, la formación tiene que ser permanente, no solo para conocer los documentos sino para crecer en la espiritualidad, ya que este proceso es un itinerario espiritual que se nutre en la oración, la adoración y la Conversión en el Espíritu.

La responsabilidad de este proceso la tenemos todos, sin embargo, los pastores tenemos una responsabilidad clave de acompañamiento, interés y crecimiento en este estilo de vida; por ello, el documento de la Secretaría general del Sínodo apunta: “El proceso se valdrá del trabajo de los equipos sinodales formados por presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas, acompañados por su obispo” (15 de marzo de 2025).

Nadie se quedará fuera, porque en una Diócesis no hay islas que caminen por su rumbo; me refiero a las comunidades, sea en las Parroquias, Decanatos, Vida Consagrada, Movimientos de Iglesia. Todos vamos en la misma barca, y por eso pedimos en la oración que no nos dejemos guiar “por falsas consideraciones”.

Nos seguiremos reuniendo en el nombre de Jesús (cfr. Mt. 18, 20), y le seguiremos pidiendo al Espíritu Santo: “Condúcenos a la unidad en ti para que no nos desviemos del camino de la verdad”. En la base de este itinerario espiritual sinodal estará siempre la espiritualidad eucarística, que nos une y reúne como hermanos delante de quien nos habla desde el Sagrario para decirnos el camino a recorrer; la adoración eucarística es el camino claro para una experiencia de diálogo con Dios y compartirlo con los hermanos.

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