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Pandillas en Durango una realidad incómoda

22/03/2026 - Hace 2 meses en Durango Estado

Pandillas en Durango una realidad incómoda

Zona de Debate | 22/03/2026 - Hace 2 meses
Pandillas en Durango una realidad incómoda

Por: Felipe Correa

El pandillerismo en el municipio de Durango no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que ha mutado en una forma que apenas alcanzamos a comprender. Es, ante todo, una realidad incómoda que palpita en el corazón de nuestras colonias y asentamientos, manifestándose a través de una violencia que ya ha dejado rastros de sangre y ausencias irreparables. Hoy, hay menores en nuestra capital que nunca volverán a ver a sus madres; esa es la factura real de un conflicto que estamos subestimando.

Para abordar este problema, lo primero es el desaprendizaje. Debemos desprendernos de la imagen romántica o cinematográfica de las pandillas de los ochenta o noventa. Las agrupaciones del 2026 son distintas: su renovación, integración y, sobre todo, su esquema de comunicación, operan bajo la lógica de las plataformas digitales. El uso de la tecnología no solo ha cambiado la forma en que estos grupos se retan o se amenazan; ha reconfigurado su organigrama. La pantalla es hoy el nuevo territorio.

Citando a Spergel (2016), una pandilla es un grupo con criterios de membresía definidos y una estructura organizacional que suele poseer un sentido de territorialidad. Sin embargo, en el terreno local, es vital entender la diferencia entre la pandilla y la «clica». Como bien señala el investigador Rubén Lozano Gómez, la clica opera con una independencia técnica: genera recursos en sectores determinados para sí misma y para los líderes de la organización principal. Es, en esencia, una célula operativa más ágil y, por ende, más difícil de desarticular.

Situar a las pandillas de Durango en su justa dimensión implica reconocer un fracaso institucional: los operativos especiales y los arrestos masivos no han logrado menguar su presencia ni disuadir a sus integrantes. El problema no es la capacidad de adaptación de estos jóvenes, sino su enfoque intrínsecamente violento, donde la agresión es la moneda de cambio y el modus operandi. Antes de que la tragedia escale, es fundamental identificar y neutralizar a los generadores de esta violencia.

La exigencia ciudadana es clara: se requiere una intervención contundente. Si bien el pandillerismo es un fenómeno social digno de estudio, la urgencia del ahora no permite más errores ni exculpaciones. Sus comportamientos, si no se frenan, están destinados a una evolución criminal aún más oscura.

Atacar el problema desde la raíz —el hogar y los valores— es una estrategia necesaria, pero requiere de un tiempo y de unos recursos económicos que el tejido social de Durango ya no se puede permitir esperar. Necesitamos especialistas que recompongan la comunidad, sí, pero también acciones de autoridad que sean ejemplares. De lo contrario, estas agrupaciones no solo permanecerán, sino que crecerán hasta convertirse en un mal mayor para toda nuestra sociedad. En la seguridad de Durango, no puede haber segundas oportunidades.

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