TRANSFORAMAR REALIDADES
Por: +Faustino Armendáriz Jiménez
Arzobispo de Durango
En estas semanas hemos estado recorriendo cientos de kilómetros en
nuestra Arquidiócesis de Durango, porque estamos conscientes de nuestra
identidad de Iglesia en salida misionera, porque creemos que si somos sal,
tenemos que salir para darle sabor a la vida cristiana y ser luz del mundo en
nuestras realidades; también estamos conscientes de que no basta señalar la
realidad y compadecernos de quienes viven graves desafíos, sino que es
necesario tocar esa realidad con la presencia, la palabra y el testimonio
evangelizadores. Porque no queremos voltear a otro lado mientras tantos
hermanos siguen vacíos de Dios y quienes lo conocemos, poco nos animamos
a salir permanentemente a las calles donde está la citada realidad y las familias
que cotidianamente la viven.
En la Iglesia tenemos la misión de transformar realidades, transformando
corazones, porque desde aquí inicia una verdadera transformación, que sea
posible, con el poder de Dios y nuestra proclamación de la Buena Noticia casa
por casa; allí donde está la gente, y no esperando solamente a que se congreguen
en los templos una vez a la semana cuando asisten a la Celebración Eucarística,
en una proporción pequeña a la gran multitud de cristianos católicos que
habitan en nuestros territorios parroquiales, y que eventualmente reciben un
sacramento o son padrinos de algún niño o adulto. Todos siguen esperando un
misionero, como ya lo están realizando comunidades con un dinamismo
creciente, generando Vida Nueva y evangelizando con la Palabra de Dios en la
misión.
1. La realidad supera la idea. Es una expresión muy repetida en nuestros
encuentros que refleja la necesidad que tenemos de salir y tocar las
realidades donde servimos, especialmente la realidad de las personas y
de las familias, para poder responder a sus necesidades y demandas en la
tarea evangelizadora que nos corresponde.
El proceso evangelizador en nuestra Iglesia local subraya la
formación permanente de los agentes de pastoral y de todos los miembros
de las comunidades, pero también subrayamos la necesidad de evaluar lo
que hemos programado y mirar con objetividad si respondemos a lo que
nuestra gente necesita o damos “palos en el aire”, es decir, hacemos
ejercicios evangelizadores que no tocan el corazón de todos, sino que se
circunscriben a pequeños grupos o minorías de la comunidad. La realidad
la conocemos cuando caminamos en medio de ella, cerca de las familias,
escuchando y dialogando, pero saliendo del pequeño círculo que se
acerca a colaborar con nosotros. El Papa Francisco afirma que “La
realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe
instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine
separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola
palabra, de la imagen, del sofista. De allí que haya que postular un
tercer principio: “la realidad es superior a la idea” (EG n. 231).
Por ello, en Durango y más allá, solo conociendo la realidad en
general podremos transformarla.
2. ¿Cómo lograrlo? Es la pregunta obligada y seguramente a todos el
Espíritu Santo nos puede dar una palabra iluminadora que nos ayude a
preocuparnos y ocuparnos de la realidad pastoral en que vivimos clérigos
y laicos como agentes de Pastoral.
Siempre me ha llamado la atención la preocupación del Papa
Francisco, y que la hago mía, y la expresa de la siguiente manera:
“¡Como quisiere encontrar las palabras para alentar una etapa
evangelizadora más fervorosa, alegre generosa, su faz, llena de amor
hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será
suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva,
una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu
Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora” (EG n. 261).
Estas palabras no son de desaliento o desencanto, porque quizá algunos
no hagamos mucho caso de los documentos del Papa, más bien son
expresiones humildes que todo Pastor tiene que asumir. Por ello, el Papa
continúa diciéndonos a manera de aliento: “Antes de proponeros algunas
motivaciones y sugerencias espirituales, invoco una vez más el Espíritu
Santo; le ruego venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una
audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos”.
Personalmente me animan estas palabras para nunca claudicar en
el empeño evangelizador, y no dejar solas a las familias que no han
recibida el primer anuncio, lo cual sería una traición a la misión de la
Iglesia, de parte de un Pastor, “porque la Iglesia existe para
evangelizar”. Este es el camino para la verdadera transformación de la
realidad.
3. ¿Quién puede transformar realidades? Para poder trasformar
corazones en la tarea misionera y por tanto realidades familiares y
comunitarias, es necesario querer a las personas, interesarse por los
miembros de la comunidad, además de la cercanía y el puntual
acompañamiento, compartiendo el mensaje del amor de Dios (la misión).
Somos conscientes de que nuestra tarea es obra de Dios, y para ello nos
ha elegido y quiere que seamos sus amigos; afortunadamente tenemos
muchos testimonios en Durango de quienes, en el servicio al próximo
hicieron mucho bien y el fruto de la transformación se llevó a cabo.
En referencia a los Sacerdotes, pero aplicable a todos agente de
pastoral, el Documento final de Aparecida, nos comparte palabra
iluminadoras para dar respuesta a la pregunta inicial, y afirma que en el
texto se resalta la necesidad de una profunda renovación pastoral y
espiritual en la Iglesia, poniendo el foco en la figura del presbítero; el
texto subraya que la primera exigencia es que “el párroco sea un
auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado
del Señor puede renovar una parroquia» (Documento de Aparecida, n.
201).
De la misma manera, los Consejos Parroquiales y grupos diversos,
enamorados del Señor serán corresponsables de la transformación de la
realidad.
El camino sinodal, es decir ninguna parroquia aisladamente, dará grandes
frutos pastorales en abundancia, solo caminando juntos, y cada comunidad
parroquial poniendo “sus cinco panes y sus dos pescados”; siempre recordando
que es el Señor quien multiplica los panes, que es el Espíritu Santo quien nos
sostiene en sinodalidad para vivir la comunión, la participación y la misión.




