Un golpe histórico… pero ¿temporal?
Por: Felipe Correa
El reciente abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, marca uno de los hechos más significativos en la historia reciente de México en materia de seguridad. Fue el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado durante años uno de los criminales más buscados del mundo por su violencia, poder logístico y red internacional de tráfico de drogas.
¿Por qué es histórico? Por primera vez en mucho tiempo, las fuerzas federales mexicanas lograron neutralizar al líder de una organización criminal con presencia nacional y global, resultado de un operativo planificado con precisión letal que costo la vida tanto a delincuentes, así como a puso en riesgo la vida de elementos de fuerzas militares.
Sin embargo, no debemos olvidar que los expertos coinciden en algo importante: aunque “El Mencho” era el rostro del CJNG, no significa el desmantelamiento completo de su estructura. Este tipo de organizaciones suelen tener jerarquías y células independientes que pueden reorganizarse rápidamente, y que para hacer ver su poder recurren a la violencia, en pocas palabras “muestran el musculo” para ser tomados en cuenta para hacerse de un trono vació al momento.
La violencia que siguió al abatimiento de El Mencho dejó en claro que el “musculo” de las organizaciones criminales se estaban y están manifestando —bloqueos, quema de vehículos y enfrentamientos en múltiples estados— refleja precisamente esa fortaleza estructural y el riesgo de una reconfiguración violenta del crimen organizado en México.
En resumen: el hecho es un golpe significativo y simbólico para el Estado mexicano en su lucha contra el crimen, pero no necesariamente el fin del CJNG ni de la violencia que históricamente ha azotado al país, sobre todo durante el último sexenio.
La muerte de “El Mencho” no es sólo un evento policial, sino un hecho con múltiples implicaciones socio-políticas y de seguridad pública, es un impacto internacional. Para la sociedad mexicana, el abatimiento de un capo con tan alta notoriedad provoca emociones encontradas: por un lado, esperanza en la justicia y acciones del Estado; por otro, preocupación por la violencia que brota en respuesta. La violencia desatada en carreteras y ciudades tras el operativo subraya cuán profunda es la infiltración de los carteles en la vida cotidiana de comunidades.
Un punto crucial: La eliminación de líderes no siempre se traduce en paz inmediata. Históricamente, en México, cuando un capo cae, otros actores criminales buscan llenar el vacío, lo que puede intensificar rivalidades territoriales y violencia. El reto ahora es fortalecer políticas de seguridad, justicia y desarrollo social para evitar que el ciclo de violencia se perpetúe.
Este hecho, además de ser una noticia de alto impacto, invita a una reflexión más amplia: ¿Cómo avanzar hacia un México más seguro sin replicar estrategias que sólo atacan resultados en lugar de causas profundas?




