¿Qué palabras identifican a un verdadero duranguense? ¿Cuáles utilizas más?
07/06/2025 - Hace 12 meses en Durango¿Qué palabras identifican a un verdadero duranguense? ¿Cuáles utilizas más?
Durango no solo es tierra de alacranes y paisajes imponentes, también lo es de un lenguaje muy particular. Las palabras comunes de Durango reflejan la identidad, el carácter y el sentido del humor de su gente. Aquí te mostramos algunas de las más populares que seguramente escucharás si visitas el estado.
Palabras comunes que identifican a Durango
Estas son algunas de las expresiones que forman parte del día a día duranguense:
Tilichero: Persona que guarda o vende muchas cosas viejas o sin uso. En Durango, decir que alguien es tilichero no es ofensivo, es casi un estilo de vida.
Reborujado: Algo desordenado o revuelto. Puede usarse tanto para personas como para objetos o situaciones. “¡Traes todo reborujado!” es una frase común.
Zacate: Aunque es una palabra usada en todo México, en Durango se usa con frecuencia para referirse al pasto seco o hierba.
Zancudo: Nombre popular para los mosquitos. En tiempos de calor, los zancudos son parte del ambiente.
La feria: Más allá de su significado literal, “la feria” también se usa para hablar del dinero. Ejemplo: “No traigo feria”.
Estas palabras comunes no solo son parte del lenguaje, también son reflejo del modo de vida duranguense.
Lenguaje duranguense que no puede faltar
Hablar como un duranguense va más allá de usar ciertas palabras, se trata de adoptar una forma particular de expresarse. El lenguaje duranguense es directo, simpático y lleno de sabor regional. Es común escuchar diminutivos, frases entrecortadas y un uso muy coloquial del español.
Además, muchas de estas palabras comunes se aprenden desde la infancia, pasando de generación en generación. Entenderlas es comprender mejor la cultura local y sentirse parte del entorno.
Así que si alguna vez te llaman tilichero, te dicen que traes todo reborujado o te piden feria, ya sabrás que estás hablando con un auténtico duranguense.

Por: Víctor Salas




