Análisis de altura: Cuando los políticos juegan a ser ciudadanos
23/03/2026 - Hace 2 meses en DurangoAnálisis de altura: Cuando los políticos juegan a ser ciudadanos
Por: Eduardo Ortega
Cada vez es más frecuente que integrantes de la clase política se autodenominen ciudadanos, y desde un punto de vista legal, aunque ambiguo, tienen razón. Un político es un ciudadano con derechos políticos activos, incluso es alguien que, de forma predominante, ha ejercido el derecho a ser votado; además, por ocupar un cargo, de ninguna forma pierde su calidad de ciudadano. En la ley no existe alguna diferencia entre el político y el ciudadano de a pie… Sin embargo, en la percepción social existe una clara discordancia: “sí es ciudadano… pero no como nosotros”. Se visualiza como un miembro de una casta privilegiada, un actor de poder, alguien con ventajas e intereses propios.
Es así como nace la paradoja: la democracia dice, el poder viene de los ciudadanos; la vox populi afirma, los políticos no son ciudadanos “reales”. Si bien es cierto que los políticos cumplen con los dos primeros preceptos que otorgan la ciudadanía de forma natural, es decir, tener la nacionalidad mexicana y haber cumplido 18 años, en el tercer punto, de acuerdo con la percepción social, nos quedan mucho a deber, ya que este se refiere a tener un modo honesto de vivir, cosa que, según la percepción social, la mayoría carecen. Es la denominada clase política, junto con sus partidos, la que encabeza la lista del sector más desprestigiado; se perciben análogos a corrupción, demagogia, desconfianza, autoritarismo, colusión con los grupos de poder fácticos, nepotismo, esto por tan solo mencionar algunos.
Soy de los que ha dicho: todos los políticos son iguales… solo militan en partidos diferentes, y creo que esta afirmación cada vez es más válida, pues cuando, con razón o sin ella, no obtienen la oportunidad buscada dentro del instituto que los formó, buscan, sin el menor decoro, un nuevo partido que los cobije; pero eso tampoco les impide regresar a su terruño, sí, a su partido o a algún nivel de gobierno llega alguien que esté dispuesto a apoyarlos. El chapulineo y el cambio de camiseta, entre otras prácticas, es lo de hoy en una clase política acomodaticia que dice, sin el menor pudor: “estos son mis principios, y si no le gustan, aquí tengo otros”.
Sin embargo, la política es una carrera y, como todos los profesionales, tienen derecho a forjar una trayectoria y buscar mejores oportunidades. Pero las acciones deleznables de algunos abonan al desprestigio social de todos. Además, también son afectados por prejuicios, ignorancia o narrativas mediáticas. Pero los políticos, en lugar de buscar reivindicar su clase y encontrar la forma de obtener la confianza de la ciudadanía, pretenden disfrazarse de ciudadanos de a pie, cosa que nadie les cree.
La oposición trata de mimetizarse con la ciudadanía. En el caso de Movimiento Ciudadano (MC), basan su aceptación en el marketing político, cosa que hasta cierto punto les ha funcionado; incluso algunos ingenuos han creído en su carácter de ciudadanos, pero la verdad es que no son ningún movimiento y menos ciudadano. Por su parte, el Partido Acción Nacional (PAN), después de su relanzamiento del 29 de noviembre pasado, solo logró incrementar su militancia un 1%, es decir, ni 3500 nuevos militantes; por lo menos en números fue un verdadero fracaso, por lo que el dirigente Jorge Romero anunció una decisión que describió como la más importante que toma el partido en casi 90 años. Esta extraordinaria decisión que anunció fue que el PAN abrirá a la ciudadanía la elección de todas sus candidaturas en 2027, cosa que ya había anunciado desde noviembre; tal vez lo único que agregó fue que también incluiría las candidaturas al gobierno de 17 estados. La pregunta es si esto realmente tiene alguna trascendencia e interés entre la verdadera ciudadanía; yo creo que no.
Por su parte, el Partido Revolucionario Institucional, en voz de su presidente Alito Moreno, habló de la campaña llamada “Somos los Defensores de México”, la cual será encabezada por Rosario Robles Berlanga, quien hace un llamado directo a la ciudadanía al decir: no se necesita militar en ningún partido para defender a México. Creo que las estrategias de los partidos políticos son fallidas, pues quienes convocan gozan, de forma inmerecida o no, de un gran desprestigio social; son precisamente el tipo de político que la ciudadanía rechaza y lo demuestran con un abstencionismo de casi un 50% en las elecciones, ¿así pues, cómo?




