Poema: Danza en la alameda
Por: Socorro Soto
Mediodía de cactus encantado
notas que lucen junto al ruiseñor
inmensidad azul
celeste cotidiano que sorprende
los campos de algodón columpian sus esferas.
Despertamos con el latir de las campanas
álamos que extrañan al arroyo
nostalgias por el Cerro de Mercado
el hierro y sus ramas en la tierra
simulan una geometría de diamantes extraviados.
Ciudad de 463 matorrales
galería de álamos
guardianes del beso de mis padres
amores que desafían al tiempo
mientras sus mujeres lavan las banquetas
y las tiendas incitan los deseos.
La buenaventura jamás llega
huye como mariposas que aletean
aparadores vacíos
tristes esperan hipotéticos mercados.
Será por eso que permanecemos anclados
o será por la carga del meridiano
aguijón que acecha entre las vigas
pesadez de hierro escondido.
No fue oro, no fue plata
polvos rojos, levedad de cuatro siglos
Aquí estamos,
niños extraviados entre cuatro puntos cardinales
la cantera de tus torres es la guía
en tus parques de verde no me olvides
sala de conciertos matutinos
el canto de gorriones derrama alegría.
En Durango se juega en los puentes de cantera
reímos con las ranas de la fuente
se elevan castillos con el rojo de la tierra
tomamos yerbanís y canela
agua miel en la cocina de la abuela
buscamos alacranes debajo de la almohada
y la osa mayor se pasea sobre la sierra.
La ciudad nace a la orilla de la acequia
despertamos con la campana del camión de la basura
cocinas con techo de adobe y chimenea
molcajete lleno de salsas
nixtamal que hierve en el bracero de la abuela.
Coloreamos tus patios con helechos
del parque al panteón, largo trecho
caminamos la de veinte
aparadores y cuerpos de gimnasio
nos quedamos con la catedral y sin progreso.
Aquí estamos entre sueños postergados y otro siglo
somos reserva de la biósfera
seres queridos que se van al norte
otros prefieren el suicidio
y otros para resolver la hipotenusa de este tiempo
buscan a la monja
y danzan en tus alamedas.




