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Al final del día, tienes que volver a casa contigo mismo

07/07/2022 - Hace 1 mes
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La palabra hogar se usa tan fácilmente en estos días. Se utiliza como palabra para describir una relación, una pareja o un apartamento que está decorado a nuestro gusto.

Aunque cada una de estas personas o lugares puede sentirse como en casa, todos son tan finitos.

Todos podrían ser tan temporales y podrían quedar fuera de su control. La persona de la que estás enamorado que se siente como en casa, podría dejarte en un instante. El apartamento al que te aferras es simplemente una combinación de objetos materiales. Todas las cosas que a menudo consideramos dignas de ser nuestros hogares son solo un lugar temporal en el gran esquema de toda nuestra vida.

Independientemente de si nos gusta o no, necesitamos un lugar que podamos llamar nuestro. Necesitamos un lugar seguro, un refugio, un lugar en el que seamos amados y en los que confiemos. Un lugar al que podamos correr cuando nadie nos escuche y sintamos que las paredes se derrumban. 

Al final del día, tienes que volver a casa contigo mismo.

No quiero decir que tengas que vivir solo y que nunca puedas disfrutar de la compañía.

Quiero decir que tienes que pertenecerte a ti mismo.

Tienes que hacerte un hogar en el que seas bienvenido.

Te conviertes en tu hogar encontrando paz interior, estabilidad y estando cómodamente en tu propia piel.

Te conviertes en tu hogar iluminando tu corazón con pasión y entusiasmo, y sabiendo que tienes en mente lo mejor para ti.

Te conviertes en tu hogar al extender el amor propio a cada rincón de tu cuerpo imperfecto y a cada hueco dentro de tu corazón. 

Te conviertes en tu hogar estableciendo límites con los demás. 

Te haces un hogar cada vez que te das cuenta de que al final del día, necesitas darte gracia.

Al final de los días difíciles, puedes permitir que el dolor fluya y que la alegría sane porque estás muy familiarizado con quién eres.

Cuando vuelves a casa contigo mismo es una paradoja perfecta. Es el lugar donde puedes sentir todo lo que quieras, y nada de todo. Es el lugar donde buscas pertenencia pero no la necesitas. Es cuando puedes defender tus valores y no ser cambiado por todos los que entran en tu vida.

Volver a casa contigo mismo es darte la oportunidad de cambiar, crecer y convertirte en alguien completamente nuevo. 

El mundo te va a lanzar un millón de cosas a la vez.

Vas a ser bombardeado con cada falta de paz que puedas imaginar, y tienes que volver a casa y ser quien eres. 

Tienes que llegar a un lugar contigo mismo en el que fluyas por la vida como la persona que quieres ser, siempre creciendo y siempre cambiando.

Tienes que llegar a un lugar donde te ames lo suficiente como para establecer límites y defender las causas que deseas perseguir.

Al final del día, tienes que volver a casa contigo.

Tienes que pertenecerte.

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