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A-23A, el Iceberg más grande del mundo ha empezado a desintegrarse

13/06/2025 - Hace 12 meses en Internacional

A-23A, el Iceberg más grande del mundo ha empezado a desintegrarse

Ciencia y Tecnología | 13/06/2025 - Hace 12 meses
A-23A, el Iceberg más grande del mundo ha empezado a desintegrarse

El iceberg más grande del mundo, A-23A, ha comenzado a desintegrarse, marcando así un claro ejemplo del impacto del cambio climático en las regiones polares. Este bloque de hielo, con un tamaño comparable a la isla de Mallorca, se desprendió de la plataforma de hielo Filchner en la Antártida en 1986 y permaneció encallado durante casi tres décadas en el mar de Weddell. Sin embargo, en 2023, comenzó su desplazamiento hacia el norte por el océano Austral.

Los especialistas comentaron que el proceso de desintegración de A-23A se intensificó notablemente entre marzo y mayo de 2025, perdiendo más de 360 km² de su superficie.

Este fenómeno, conocido como ‘desgaste del borde’, es resultado de las aguas más cálidas y el fuerte oleaje. La fragmentación del iceberg no solo representa un riesgo para la navegación, sino que también indica un estado más fracturado de lo percibido, con el desprendimiento de grandes bloques como A-23C.

Impacto en la vida marina

La proximidad de A-23A a Georgia del Sur genera preocupación entre biólogos marinos, ya que puede alterar las rutas de alimentación de diversas especies, incluyendo pingüinos rey y focas.

El derretimiento del iceberg también libera nutrientes que pueden fomentar el crecimiento del fitoplancton, aunque un aporte abrupto podría desestabilizar el equilibrio ecológico. Casos anteriores, como el iceberg A-68 en 2020, destacaron las complejidades de tal impacto.

Una señal del calentamiento global

La desintegración de A-23A resalta los efectos del calentamiento global en la criosfera. Este deshielo masivo afecta no solo a especies locales, sino que también tiene repercusiones globales al alterar corrientes oceánicas, elevar el nivel del mar y cambiar patrones climáticos. A-23A, un ‘fósil flotante’, es un recordatorio de una Antártida más fría y una urgencia para abordar el cambio climático.

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