La ciencia revela por qué nos afecta más el calor que el invierno
17/06/2025 - Hace 12 meses en InternacionalLa ciencia revela por qué nos afecta más el calor que el invierno
Young man and heat stroke. Durante mucho tiempo se pensó que el frío representaba un mayor riesgo para la salud que el calor, especialmente en regiones donde los inviernos son intensos. Sin embargo, un reciente estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y el Barcelona Supercomputing Center demostró que, al menos en Europa, la realidad dio un giro sorprendente: nos hemos adaptado mejor al frío que al calor extremo.
La investigación, publicada en la revista The Lancet Planetary Health, analizó datos recogidos entre 2003 y 2020 en más de 800 regiones de 35 países europeos. A partir de esta información, los científicos observaron una tendencia clara: la mortalidad asociada al frío ha disminuido más rápidamente que la asociada al calor extremo.
Los investigadores atribuyen esta evolución a múltiples factores, como mejores condiciones de vivienda, mayor uso de ropa térmica, conciencia sobre riesgos invernales y sistemas sanitarios más preparados para enfrentar bajas temperaturas. Mientras tanto, las olas de calor, cada vez más frecuentes debido al cambio climático, siguen cobrando vidas en muchas partes del continente.
¿Por qué es más difícil adaptarse al calor?
El estudio introduce el concepto de temperatura de riesgo extremo, una métrica que identifica el punto exacto a partir del cual el riesgo de muerte aumenta drásticamente, ya sea por frío o por calor. Al aplicar este análisis a distintas regiones de Europa, los investigadores encontraron que el sur del continente, acostumbrado a temperaturas altas, es paradójicamente más vulnerable al calor.
Esto se debe a que muchas ciudades del sur no están preparadas para enfrentar olas de calor prolongadas: falta de infraestructura adecuada, viviendas mal ventiladas, escasez de zonas verdes y planes de emergencia poco efectivos.
En contraste, el frío extremo disminuyó, y cuando ocurre, la población cuenta con más herramientas para protegerse. Incluso en zonas del norte, donde las temperaturas invernales pueden ser extremas, la preparación social y técnica ha marcado la diferencia.
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es el aumento de los llamados “días compuestos”, es decir, jornadas en las que el calor extremo se combina con altos niveles de contaminación. En estos días, el riesgo para la salud se dispara.
Se descubrió que el 60 % de los días de calor extremo coincidieron con niveles elevados de contaminantes en el aire, especialmente ozono. Este gas, que se forma cuando la luz solar reacciona con emisiones de fábricas y vehículos, aumenta en los días más soleados y calurosos.
Este fenómeno representa una amenaza creciente, ya que el ozono irrita las vías respiratorias y puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en personas mayores y niños.
Este estudio representa una llamada de atención para las autoridades europeas y del mundo. Aunque se han logrado avances notables en la adaptación al frío, la preparación ante el calor extremo sigue siendo insuficiente. Con el calentamiento global avanzando a paso firme, es indispensable implementar políticas de salud pública, urbanismo y medio ambiente que protejan a las poblaciones más vulnerables.
Aislar viviendas, crear espacios verdes, mejorar el acceso al agua potable y reforzar los sistemas de alerta temprana son medidas urgentes que pueden marcar la diferencia en los próximos años.
Así, lo que parecía una certeza se ha convertido en una paradoja: el frío, que durante siglos fue sinónimo de peligro, hoy es más manejable que el calor abrasador del verano. La ciencia lo demuestra, y el cambio climático nos obliga a adaptarnos rápido… o pagar un precio más alto.
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